Conversación con un piquete informativo. ¡No a esta huelga!

P.I:  -No puedes faltar a la cita: mañana, ¡huelga general!

T: -¡Ajám! ¿A qué hora dices que es?

P.I: -Mmm, todo el día.

T: -Uf, ¡qué va! No puedo, yo trabajo.

Una montaña de arena y mierda.

Os preguntaréis por qué yo, Jesús, llevo ya un tiempo sin soltar maldiciones por esta boquita que Dios y mi madre me dieron. Debo confesaros que cada día he intentado hacer hueco para escribir algo, aunque fuese poco, sobre nuestra “realidad” socio-política, o política de socios y compadres. Sin embargo, no sabía sobre qué tema despotricar.

Reconozco que cada vez que pensaba decantarme por un tema surgía otro más increíble. Que si mi primo Ferri no paga, según dicen; que si el tal Bárcenas deja su escaño –o lo que sea que ocupe-; que si los medios de comunicación toman como cierto un bulo sobre el regreso de la serie “el príncipe de Bel Air”…; pero lo que realmente me ha convencido ha sido lo de la niña esa que quiere llevar por huevos, sí o sí, el velo “islámico”. Supongo que ya lo sabrán de sobra, pero yo no salgo de mi asombro. Una vez más volvemos a ser el pasmo de Europa, o lo volveríamos a ser por este motivo de no ser porque hemos dejado el listón muy alto. Inalcanzable. O casi.

Resulta que un colegio ha decidido que la alumna en cuestión no entre en sus aulas mientras siga empeñada –ella o sus padres, eso no lo sé muy bien- en ponerse el antedicho velo. Hasta ahí, todo normal. Pero esto es España, y todos quieren sacar tajada de todo. Por eso, la cosa se complica.

Hay opiniones para todos los gustos. Y maricón el último. Esto más que un país parece una maldita jauría de lobos. O no, mejor parece una auténtica casa de putas. Para qué se van a unir los políticos en esto si pueden sacar rédito del asunto.

El gobierno calla, la oposición da palos de ciego, la iglesia pensando que dónde están mis crucifijos, las asociaciones de padres y madres y viceversa y viceverso poniendo el grito en el cielo y más allá para ver si pueden poner su granito de arena en todo el despropósito y seguir creando una buena montaña, las feminatas rizando el rizo con la puta libertad de cada cual a ponerse lo que quiera, las autonomías diciendo que nanai de la china, que la educación es suya y nada más que suya…

Es en momentos como este cuando miro al norte y pienso: hay que ver, quién fuera pérfido gabacho y tener su unidad y cojones para poner en su sitio cada cosa. Allí el debate tardó poco en zanjarse y en dejar bien claro que a quien no le guste la costumbre de un país ya sabe…adiós muy buenas.

Dices tú del IVA.

Pues eso, colega. Que nos quieren endiñar un dos por ciento más al 16% de IVA (impuesto sobre el valor añadido) que ya apoquinamos religiosamente. Es decir, a partir de Junio –creo recordar- tendremos que pagar un 18% de IVA en las facturas.

La cosa es que mi primo Celestino Corbacho Ministro de Trabajo e inmigración, que dentro de poco también debería ser de emigración– afirma con desparpajo que esa subida será para pagarles el subsidio de desempleo a los parados. Vamos, que al notas en cuestión le faltó el canto de un euro para decir textualmente que todo españolito tiene que apretarse el cinturoncito para pagarle a esos vagos inútiles que se tiraron a los brazos del ladrillo para hacer dinero rápido (algo que vino a decir también hace unos días en la 1TVE ese pedazo de presidente que nos hemos ganado a pulso).

Y yo, con la idea de la solidaridad en la mente, aplaudía las palabras –lo siento, pero es una costumbre muy española aplaudir y asentir lo que cualquiera diga por la tele sin someterlo a crítica…y yo no soy más que ustedes- rebosantes de buena fe de nuestro ministro. Pero me dio por pensar –mientras seguía ahí, dale que te pego a las palmaditas-: ¡Hostias! ¿No se supone que nuestras pensiones o nuestros subsidios nos los pagamos nosotros mismos mientras estamos trabajando?Ahí dejé de aplaudir poquito a poco…-

Pues ahora resulta que no, que yo, que he sido víctima del sistema autonómico dilapidador español, de la ESO, de la LOGSE, de la LOU, del euro, del decretazo, de 30 años de gobierno ininterrumpido del PSOE en Andalucía –con sus consiguientes redes clientelares-, de las mafias del ladrillo, y de la puta que parió al primero, no tengo asegurado ni por el forro mi correspondiente subsidio de desempleo –de mi pensión de jubilación mejor ni pienso…- si no es a golpe de subida de impuestos creados, al parecer, ad hoc.

Sin embargo, me da a mí en la nariz que hay gato encerrado. Porque, si con un dos por ciento más en el IVA se pretende cubrir los gastos de casi cinco millones de parados durante un período de tiempo desconocido…con el 16% restante, más el canon digital, más lo que recauda hacienda con el IRPF Y el IBI, más los millones de multas, más los impuestos que ponen motu propio las CC AA, más las tasas que se sacan de la manga las administraciones locales, más un montón de impuestos que no cito por desconocimiento y por falta de tiempo…¿qué cojones hacen?

¿No será que lo que realmente se pretende es garantizar el bien estar de los sindicatos y sus liberados y de los nacionalistas periféricos y de los artistas de la ceja –con esa super-ministra Sinde-, y de periodicuchos adeptos y de feminatas exacerbadas y de banqueros sin escrúpulos –a éstos, lejos de meterles mano, se les da viruta contante y sonante-, y demás socios-listos, para crear redes clientelares a nivel nacional? Es decir, marginar y acorralar a una oposición denigrada –a lo cual contribuye, y mucho, su inoperancia- haciéndose con los resortes básicos que vertebran la sociedad española en su conjunto mediante la táctica de la subvención. Por cierto, tal y como ha ocurrido, a menor escala, en Andalucía.

Eso por una parte. Por otra, habría que hablar de cómo gastan a manos llenas nuestros políticos los recursos de los contribuyentes con tanta ley de recuperación -parcial- de la memoria histórica, tantos sueldos, tantas dietas, tanta publicidad estatal, tanto coche blindado, tanto guarda-espalda, tantos viajes ‘’oficiales’’, tanta cumbre de alianza de civilizaciones, tanto traje de ministra, tanta festividad del orgullo Gay en no sé qué país africano, etc., etc., etc., pero no tengo tiempo. Además, ahora me van a disculpar porque tengo que vomitar un rato. Es lo que tiene tragar tanta mierda, que por algún lado tiene que salir.

Los bares de mi pueblo.

Excma. Sra. Dña. Alcaldesa de mi querido pueblo,

le dirijo esta misiva motivado por el desconcierto que experimenta mi espíritu al ver la nueva realidad que se impone en dichos lugares de ocio y divertimento tan nuestros. Tan de España.

No pretendo hacer una relación detallada de los mismos, ni mucho menos. Tampoco pretendo recriminarle nada, ni demandarle una pronta actuación, ni exigirle soluciones ¡Válgame Dios, bien sé yo que los políticos no estáis para eso!

Simplemente me propongo describir someramente algunos aspectos que me llaman la atención del panorama actual en cuanto a los bares de mi pueblo se refiere.

Y es que no paro de darle vueltas a la cabeza cada vez que veo a ese bar que fue traspasado hace poco a unos nuevos dueños, los cuales contrataron a tres o cuatro camareras –muy monas, por cierto, provenientes del Este de Europa- y que recientemente han puesto un vistoso cartelito que pone «café»–sin tilde, claro- No paro de preguntarme por qué dicen que los conejos del sitio son lo mejorcito de la comarcaquizá no sea un bar, a lo mejor es una tienda de animales que no cierra en toda la noche…no sé, no sé.

Hablando de noches ¿Qué me diría usted si yo le cuento que hay algún que otro bar que cierra tempranito, sin permitir entrada a nadie, pero que sí deja entrar a unos amigotes varias horas después de cerrar? Bueno, es verdad, no escuchan música ni bailan, ni toman nada. Además, sus carros dan mucho postín al vecindario. Ojalá tuviese yo sus cochazos, sus amiguitas…y su impunidad –para poder entrar, claro.

Otra cuestión de la que me gustaría hablarle es del alarmante aumento de clientela de los baretos mugrientos de toda la vida. Supongo que es una especie de regla de tres en este país: a más paro, más cierra-bares. Pero la culpa de eso la tienen otros… ¿no?

Por cierto, hay pocas cosas más desoladoras que ver uno de esos baretos made in Spain vacíos y tristes una noche de ‘’furbo’’. Simplemente porque su antigua y desleal clientela se ha ido al bar de enfrente –en sentido literal- porque tiene una televisión de plasma, o LCD, o como coño se llame. Pero así es la vida…así son los bares de mi pueblo.

Con la certeza de que no llegará a sus ojos esta carta y sin más que añadir, se despide de usted este humilde contribuyente.

Déjalo. Tienen esa condición.

Está claro. La cuadratura del círculo es tan imposible como lo es sobrevivir sin oxígeno para un humano, o encontrarle los tres pies al gato, o viajar a través del tiempo, o… ¡pedirle respeto, buena educación e igualdad a más de un político español!–los primeros problemas quizá se resuelvan con el tiempo, pero el último jamás…-

Vamos, que hacer que un politicucho de tres al cuarto -de tercera división, por así decirlo-, acepte una norma de un establecimiento que se encuentra en su feudo es algo impensable. Bueno, impensable para alguien sensato, no para alguien como el que escribe estas líneas.

De este hecho me di cuenta ayer a las 22.02 de la noche cuando, tras once horillas de pie, me topé con uno de esa cada vez más infame casta.

Allí me encontraba yo, anclado en la entrada para impedir el paso a los rezagados de última hora. Gente de todo tipo: desde señoritas de muy buen ver queriendo pasar para comprar un pinta labios, hasta padres implorando entrar para comprar una barra de pan, pasando por los típicos cafres en busca de su litrona…Todos suelen dar la brasa mientras yo, haciendo algún gesto de comprensión, pero inmutable en mi intransigente propósito, tan solo les doy una explicación: “Hemos estado doce horas abiertos y ya hemos cerrado’’ Tras ello suelen irse de buenas o acordándose de algún familiar mío, vivo o muerto –estos hijos de perra no tienen miramiento- y ya está. Pero ayer fue distinto por tratarse de un Excmo. Señor Don politicucho de medio pelo de mi pueblo.

Como les decía, allí estaba yo –juro por Dios que después de nueve días sin descanso y más de once horas de pie (seguidas y también sin descanso) y alguna que otra por delante, me dolían los pies, las rodillas, la espalda, la cabeza y hasta los cojones-, intentando hacer lo mejor posible mi grandiosa labor cuando intentó zafarse de mi cerco visual un tipo feo, pequeño y regordete que me resultaba familiar:

-Disculpe caballero –exclamé mientras me dirigía hacia este espécimen-. Ya hemos cerrado.

-¡Zolo vi’a compra doh botella que m’acen farta! (¡solo voy a comprar dos botellas que me hacen falta!) – Afirmó avanzando con aires de superioridad-

-Lo siento caballero… –le insistí, visiblemente contrariado y molesto al ver de quién se trataba-. Ya hemos cerrado, no se puede entrar.

-Me cago en la leche –se quejaba amargamente al tiempo que me miraba desafiante- ¡Qué zolo vi’a compra unah botellah que me jacen farta cohone! (¡Qué solo voy a comprar unas botellas que me hacen falta, cojones!)

Aprovechando la coyuntura, por mi izquierda intentaba colarse una parejita. Pero fulminándoles con la mirada les advertí –con toda la gravedad que mi aguda voz puede- <<¡ya hemos cerrado!>>

Con un débil lo siento, salido de la fémina, zanjé ese frente y con esperanzas de que el antedicho politiquillo emulase aquella lección de modales y saber estar dada por la chavala le dije: <<aquí, las normas son para todos>>

Cogió el camino y dio media vuelta. Vi cómo se alejaba y, como a toda mierda andante, dejé de prestarle atención. Pero me fue imposible evitar subirme en una nube pensando en mi pequeña victoria sobre el sistema, en la lección dada a la mala calaña que nos ‘’dirige», en…¡mierda!..¡¡¡¡una compañera le estaba dando paso!!!! ¡¡Increíble!!

Con los ojos obnubilados por el odio que había levantado en mí tal traición, cerrando los puños para aliviar tensión y apretando la mandíbula para no buscarme un buen problema…escuché detrás de mí la voz de un anciano cliente que me decía con tono de complicidad: <<Déjalo. Tienen esa condición>>

Efectivamente. Lo dejé…pero me sigue sabiendo la boca a hiel.

La botella de Eris.

A veces sucede que determinados lugares nos traen recuerdos y, aunque sean muy viejos y meras anécdotas, resurgen en nuestra mente como fogonazos y es inevitable reflexionar al respecto.

Esto mismo me ocurre en un trozo del trayecto que va desde mi trabajo a mi casa. Y por lo general me viene el mismo recuerdo cuando llevo un botellín de lo que sea en la mano.

La cosa es que estoy seguro de que cierto día de hace ya unos siete u ocho años hice lo correcto. Mas, aún hoy, no sé el verdadero por qué.

Ocurrió una mañana de verano cuando iba yo con mi viejo amigo V.D. andando por dicho tramo del recorrido. Veníamos del Centro Comercial, cada uno con su refresco. Yo con el mío vacío. Llevábamos varios cientos de metros sin encontrar papelera alguna cuando por fin, tras un pequeño tabique, logré ver una. Cual Pau Gasol en triste intenté colarlo…pero no pudo ser. Juro solemnemente por Snoop Dog que dudé al menos un segundo en ir hacia la botella y meterla donde correspondía. Sin embargo, como castigo al ayuntamiento por no poner más papeleras, resolví no molestarme.

Retomando de nuevo la caminata, apenas dado un paso, empezamos a escuchar voces masculinas que provenían de detrás nuestra. Parecía que la maldita botella había cobrado vida y demandaba respeto con suma vehemencia. Miramos con desconcierto e incredulidad, mi viejo amigo y yo, hacia la procedencia de tales improperios.

Efectivamente. Allí, al lado de la botellita de la discordia, se encontraba un tipo de unos cuarenta veranos. Recuerdo que me avergoncé por mi conducta incívica –todavía no había logrado descifrar lo que aquél gañán escupía- y por ello me dirigí cabizbajo hacia la botellita.

A medida que me iba acercando conseguía entender con precisión lo que decía. No era precisamente una poesía lo que recitaba el colega. Llegado a su altura, botella en mano a punto de tirarla, decidí dejar de guardar silencio ante tales acometidas y comencé con mi recital de epítetos. Los ánimos se caldearon bastante. Ya estaba yo a punto de meterle el plástico por la bocaza exclamando ‘’ahora no la tiro porque no me sale de los cojones’’, cuando me dijo llanamente ‘’la vas a tirar porque eres un buen español’’.

Entonces, se me quitaron las ganas de pelear con ese fulano. De repente dejó de ser un bastardo arrogante metomentodo para convertirse en la única persona civilizada que reprende a un presunto niñato que podría haberle partido la cara por una estupidez tan trivial. Satisfecho más que enfadado, simplemente tiré el botellín donde debía y me fui.

Ahora me pregunto: el hecho de no enzarzarme en una pelea con aquel hombre por haberme dicho lo de buen español, ¿me convierte en un fascista? ¿Acaso debí haberle dado lo suyo por haberse pasado tres pueblos y meterle la botella por el recto precisamente al decirme aquello? ¿No sería más fascista atacar a alguien –da igual física o verbalmente- precisamente por sus ideas políticas?

Ahora preguntaos: ¿por qué carajo no me habré dado cuenta de que no es lo mismo patriotismo que fascismo?

Y ahora os pregunto. ¿No es absurdo pensar que por decir lo de buen español ese hombre era fascista?

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