Parece mentira comprobar las similitudes que tienen la vida y una jornada de pesca entre amigos. De ello me di cuenta reflexionando con un colega al cual conozco desde no hace mucho.
Ciertamente, cuando vas a pescar por muy acompañado que estés sólo estás tú con tu caña. Durante un periodo no definido de tiempo se sucederán numerosos intentos, la gran mayoría termina en fracaso, pero no por ello se pierde la ilusión de obtener una buena pieza, ni tan siquiera si ese trofeo llega se pierde la ilusión, pues siempre habrá lugar para otro logro. Como en la vida, lanzas el anzuelo a la espera de un resultado, mientras el tiempo pasa sin darte cuenta del reloj.
Bien puedes perder la plomada, bien un astuto pez te puede robar el cebo, perdiendo momentáneamente el instrumento fundamental para conseguir tu objetivo primero, un pez más grande que todos aquellos que consigan tus acompañantes. Pero tú sigues hasta cuando más cansado y desesperanzado estás, algo te invita a volver a intentarlo, y lanzas de nuevo el anzuelo y con más fuerza, como si por ello una especie de tiburón pacífico se encontrara por sorpresa tu regalo y el incauto lo fuese a morder para darte a ti el premio de poder vanagloriarte. Pero pocas veces ocurre eso.
Podría estar horas disertando sobre este hecho, sobre la metáfora de la pesca y la vida, pero básicamente quiero destacar que lo curioso de todo es que aunque en el momento no lo pases bien debido las malas condiciones y/o a los malos resultados, cuando recuerdas esa jornada de pesca siempre prevalece un buen sentimiento que parece justificar aquel tiempo que parecía desperdiciado. ‘’Al fin y al cabo pasamos un buen rato haciendo nada…’’