Déjalo. Tienen esa condición.

Está claro. La cuadratura del círculo es tan imposible como lo es sobrevivir sin oxígeno para un humano, o encontrarle los tres pies al gato, o viajar a través del tiempo, o… ¡pedirle respeto, buena educación e igualdad a más de un político español!–los primeros problemas quizá se resuelvan con el tiempo, pero el último jamás…-

Vamos, que hacer que un politicucho de tres al cuarto -de tercera división, por así decirlo-, acepte una norma de un establecimiento que se encuentra en su feudo es algo impensable. Bueno, impensable para alguien sensato, no para alguien como el que escribe estas líneas.

De este hecho me di cuenta ayer a las 22.02 de la noche cuando, tras once horillas de pie, me topé con uno de esa cada vez más infame casta.

Allí me encontraba yo, anclado en la entrada para impedir el paso a los rezagados de última hora. Gente de todo tipo: desde señoritas de muy buen ver queriendo pasar para comprar un pinta labios, hasta padres implorando entrar para comprar una barra de pan, pasando por los típicos cafres en busca de su litrona…Todos suelen dar la brasa mientras yo, haciendo algún gesto de comprensión, pero inmutable en mi intransigente propósito, tan solo les doy una explicación: “Hemos estado doce horas abiertos y ya hemos cerrado’’ Tras ello suelen irse de buenas o acordándose de algún familiar mío, vivo o muerto –estos hijos de perra no tienen miramiento- y ya está. Pero ayer fue distinto por tratarse de un Excmo. Señor Don politicucho de medio pelo de mi pueblo.

Como les decía, allí estaba yo –juro por Dios que después de nueve días sin descanso y más de once horas de pie (seguidas y también sin descanso) y alguna que otra por delante, me dolían los pies, las rodillas, la espalda, la cabeza y hasta los cojones-, intentando hacer lo mejor posible mi grandiosa labor cuando intentó zafarse de mi cerco visual un tipo feo, pequeño y regordete que me resultaba familiar:

-Disculpe caballero –exclamé mientras me dirigía hacia este espécimen-. Ya hemos cerrado.

-¡Zolo vi’a compra doh botella que m’acen farta! (¡solo voy a comprar dos botellas que me hacen falta!) – Afirmó avanzando con aires de superioridad-

-Lo siento caballero… –le insistí, visiblemente contrariado y molesto al ver de quién se trataba-. Ya hemos cerrado, no se puede entrar.

-Me cago en la leche –se quejaba amargamente al tiempo que me miraba desafiante- ¡Qué zolo vi’a compra unah botellah que me jacen farta cohone! (¡Qué solo voy a comprar unas botellas que me hacen falta, cojones!)

Aprovechando la coyuntura, por mi izquierda intentaba colarse una parejita. Pero fulminándoles con la mirada les advertí –con toda la gravedad que mi aguda voz puede- <<¡ya hemos cerrado!>>

Con un débil lo siento, salido de la fémina, zanjé ese frente y con esperanzas de que el antedicho politiquillo emulase aquella lección de modales y saber estar dada por la chavala le dije: <<aquí, las normas son para todos>>

Cogió el camino y dio media vuelta. Vi cómo se alejaba y, como a toda mierda andante, dejé de prestarle atención. Pero me fue imposible evitar subirme en una nube pensando en mi pequeña victoria sobre el sistema, en la lección dada a la mala calaña que nos ‘’dirige», en…¡mierda!..¡¡¡¡una compañera le estaba dando paso!!!! ¡¡Increíble!!

Con los ojos obnubilados por el odio que había levantado en mí tal traición, cerrando los puños para aliviar tensión y apretando la mandíbula para no buscarme un buen problema…escuché detrás de mí la voz de un anciano cliente que me decía con tono de complicidad: <<Déjalo. Tienen esa condición>>

Efectivamente. Lo dejé…pero me sigue sabiendo la boca a hiel.

Tres individuos.

Esto es una mera prueba de estilo. Se trata de un relato ficticio nacido del más profundo de los aburrimientos.

Todavía me faltan diez minutos de caminata hasta llegar a casa. Estoy agotado y me duele todo el cuerpo. Seguro que tras la ducha me desplomaré en la cama…que falta me hace, pues es muy tarde (las tres de la madrugada nada menos).

No sé si es normal tanto coche un lunes cualquiera de madrugada, alguno podría ser conocido y acercarme a mi casa. Estoy rendido, al menos la luna es bonita e ilumina.

Mierda, tres tíos allí al final. Tan cerca de casa y me van a dar la noche. Estoy a tiempo de cambiar de camino, pero tendré que andar más y encima voy a parecer un cobarde. Mejor sigo y ya está. No los distingo bien. Joder, tres tipos a las tres de la mañana, un lunes…esto sí que es raro. Seguro que están buscando dinero para jaco y van a sacarme una navaja porque yo no les voy a dar lo poco que tengo. No me da la gana.

¿Me están mirando? No lo sé, están muy lejos,  pero seguro que me van a joder. Lo mejor que hago es sacar mi pincho y ajustarme el mosquetón en el puño…quien da primero da dos veces, aunque si me están viendo se van a dar cuenta…¿¿Dios, qué hago?? Vale, ya. Me pongo la mochila delante como escudo, dejo la cremallera entreabierta para sacar el pincho y ya me dejo ajustado el mosquetón en la izquierda.

Lo sabía. Se han parado y me están esperando. Voy a aminorar el paso para ver qué hacen, cuando esté más cerca acelero un poco y si me dicen algo ¡Zas, zas, zas! ¡A tomar por culo todos!

Joder, más coches y ninguno conocido. Y en la acera de enfrente, ¿qué hacen esas zorras también a estas horas? Van a ver la humillación que voy a sufrir o el delito que me van a obligar a cometer. Bien, parece que se meten en el portal.

¿Dónde va ese? ¿Irá a rodearme?  ¡No, los deja solos! Mejor, dos será más fácil, pero no voy a acelerar hasta que se haya alejado. ¿Cómo? ¡Son unos inocentes niñatos!

Mmm, son las tres de la mañana, en mitad de la nada, tengo un picho, no hay testigos y ahí están estos dos niños de papi y mami… ¿y si les saco la navaja?

¡Espero que os guste porque yo me lo he pasado pipa!

La retirada II.

Después de fumarnos unos puros y conversar largo rato, íbamos mi bro KSN y yo andando tranquilamente por donde solemos. Hay que matizar que yo iba con mi cabecita recién afeitada y calzando mis botas preferidas tal y como a mí me gusta llevarlas, por encima de los pantalones -o como me salga de los cojones-. En ese momento, por sorpresa, empezamos a oír lejanas voces…o berridos. No teníamos claro si provenían de personas o de cerdos en una matanza. Pero el sentido común nos decía que debía ser la primera opción –no suele darse el caso de una matanza de cerdos en mitad del pueblo por la madrugada-. Gracias a ello fue cómo llegamos a adivinar lo que decían, algo parecido a: ¡Viva girlei! ¡Viva girlei!

Al principio no teníamos ni zorra idea de lo que podía significar. Mas, viendo que era por nosotros –por mi vestimenta más bien- deduje que era algo como ¡Viva Hitler!

Con mis poros rezumando una mezcla de odio, asco, incredulidad y decepción –pura testosterona y adrenalina- miré a mi bro y le dije: ¿tienes ganas de problemas? Mirándome con gesto sereno contestó: como tú quieras…pero no estoy al cien por cien.

Eché una ojeada a esa peña, que se encontraba a bastante distancia, al otro lado de la calle. Analizando atentamente la situación pude comprender que era un grupo de unos grandísimos hijos de puta menudeando con chocolate y hierba. Los vendedores, de etnia gitana, estaban con sus Zip aparcadas y sentados sobre ellas; los compradores eran no gitanos…simplemente analfabetos hijos de puta. Eran los mismos que cuando pasaban de dos en dos por delante de nosotros, cinco minutos antes, agachaban la cabeza y enmudecían. A ojo calculé unos trece. Todos sentados en un pequeño muro, menos los de las Zip.

Volví a mirar a mi bro. Quien seguía sereno aunque expectante, con su mano casi inútil por tenerla rota en más de mil pedazos y con un par de huevos, esperando acontecimientos. Yo, por mi parte, conocedor de las injustas leyes de este estúpido país, con una lesión de espalda y cuello consecuencia de un lance anterior, tenía el automático a punto de saltar.

Clavándoles una mirada ciega, dando un paso adelante, cerrando los puños hasta crujir…respiré hondo y tragué saliva. No merece la pena -sugirió en voz baja ma nigga KSN-. Entonces, la saliva se transformó en orgullo. Y tragué mucho orgullo. Tragamos mucho orgullo.

Tras sopesar los pros y los contras de una refriega en pos de nuestro honor, dimos media vuelta. Uno medio tullido y el otro medio lisiado…pero juntos, con la cabeza muy alta y los huevos bien apretados. Como deben hacer los amigos.

Creo que todavía sigue berreando esa panda de analfabetos, incultos e hijos de la gran puta. Aunque ya no los oigo. No merece la pena.

Brindemos por este hijo de puta.

Propongo un brindis. Yo brindaré con agua, si me lo permitís.

Brindaré por los que se fueron de mi lado, por los que eché del mismo, por los que no llegaron a estar, por los que no estarán y por los que están y seguirán ahí.

Hoy no brindaré por los amigos que se desvanecieron entre la neblina del tiempo, esos que aún recuerdo con gratitud pero cuyo camino se bifurcó del mío. Ni por los que conservo.

Mejor brindaré por los amigos que se convirtieron en enemigos y por mis enemigos que siguen siéndolo. Espero que nunca me falten, pues prefiero que desaparezcan mis fieles antes que mis detractores. Sin éstos no me entendería.

Brindaré por todas y cada una de las zancadillas que me han hecho –aunque maldigo las que me queda por sufrir- levantarme del suelo. Se agradecen las cicatrices que dejan –no sólo en manos y rodillas- algún@s malnacid@s por su envidia, avaricia, traición, celos, malicia, estulticia, incompetencia, injusticia…

Brindaré por las putas que se cruzaron en mi vida y cuyas acciones –putadas, para los que no lo sepan- estuvieron a punto de destrozármela. A ellas les debo la eficacia de mis cojones. También brindo por las que recuerdo con afecto. Aunque a éstas no les debo nada.

Déjenme brindar por aquéllos docentes ganapanes cuya incompetencia me hizo ver lo anecdótico y defectuoso del sistema. Hoy no brindaré por los que despertaron en mí el ansia del conocimiento gracias a su vocación.

Otro día brindaré por los que sacan el lado más dulce y afable de mí. Hoy no tengo ganas.

A ustedes sólo os pido que brindéis por este hijo de puta que os habla por escrito – con lo que tengáis más a mano que se pueda beber-.

Un sol, unas nubes y yo.

Al salir del trabajo, mirando al suelo asqueado hasta de mi sombra, sin ganas de ver el mundo, sin ganas de contactar con ser humano alguno, vi enfrente de mí un atardecer como pocos he visto. Quedé quieto, observando la forma en que el sol era eclipsado por preciosas nubes de color indescriptible y forma de olas, cual mar embravecido. La casi total ausencia de viento las dejó delante de mí como esculturas expuestas para este humilde espectador. Nunca me he fijado en el atardecer después de salir del trabajo. Llevo tres años sin fijarme en el atardecer. Llevo tres años olvidando lo que me gusta ver el atardecer.

Ahora, miro atrás en el tiempo para ver lo que me queda de mí mismo. Saco en claro que no sólo he perdido esos atardeceres y ese sol, sino también personas y sentimientos. Así es, tengo todo un cementerio de personas vivas. Eso es lo que tengo, una muchedumbre que un día fue importante para mí y que hoy son simples despojos de mi ayer. En definitiva, hoy siento un vacío tan desolador que no sé ni lo que puedo llegar a sentir.

No paro de preguntarme cuál será el motivo. Probablemente sea la consecuencia de este carácter rudo e implacable, aunque benévolo, que me han ido imponiendo el tiempo y mis congéneres. Quizá sea la desconfianza que hace tiempo desoló mi alma. O quizá sea así porque tenía que ser así.

Lo único que sé es que yo habré cambiado. Pero ese sol sigue cautivándome, pese a estar escondido tras sus nubes –quizá distraído, como yo, por la belleza de las mismas-, después de tres años sin acordarme de él.

De cómo las vergas foráneas refinan a una puta autóctona.

Esto fue lo que he saqué en claro hace un par de días tras una breve discusión con una vieja conocida.

Se trata de una pava de mi edad y de mi pueblo, de esas de ‘’ofú shiquillo que mala follá tiene, digo er tío lo que ma` disho’’, -precisamente eso era lo que solía exclamar antaño- la cual ha vuelto de UK tras una temporada de Erasmus para finalizar su carrera y ampliar su inglés…o para abrir sus ingles, tanto monta…

La cuestión es que andaba yo liado con unos clientes muslimes, los cuales no entendían muy bien ni el castellano ni el inglés. Tan sólo un poco de francés (yo ni zorra idea) y árabe. Y allí estaba yo, entendiéndome a duras penas con mis moros mediante gestos y chapurreando francés (ambas partes) y castellano (ellos, pues yo lo domino bastante), cuando emergió de la nada mi malintencionada comadre espetando, sin previo saludo, un ‘’ojú, ¿por qué no aprendes inglés? Todo el mundo sabe hablar inglés ‘’.

Imagínense la escena: un tipo de metro noventa y casi ciento veinte kilos, haciendo indicaciones apresuradas a tres árabes de entre metro ochenta y metro ochenta y cinco, de unos cuarenta y tantos años o más, mirando al de metro noventa con cara de pasmados, con la tensión en el ambiente, sin entender ni papa de lo que aquél les intenta decir, y al lado una tipa de metro sesenta y poco, de gilipollez supina, soltando semejante mierda por esa boquita de putita reconvertida en lady putita.

Inmediatamente pensé ¿Se le habrá olvidado saludar en castellano? Pero luego, con la mirada de asco clavada en esa insolente, seguí debatiendo para mis adentros ¿Qué carajo le importa a ella cómo yo le hable a los demás? ¿Qué coño sabrá ella si yo ya he intentado hablarles en inglés? ¿Qué cojones sabrá si yo hablo bien o mal o regular el inglés? ¿Por qué no se habrá atragantado con la lefa de las pollas británicas?

En definitiva, cuando un piojo revivido sale del terruño que lo vio nacer -más en este país de ignorantes y catetos-, y regresa…suele pasar que los delirios de grandeza nos llevan al esperpento más calamitoso.

Por cierto…fucking bitch, suck my dick…the next time, shut up, please! –al final hasta voy a rimar en inglés-

Desde tu lado de la mentira…

Míralo. Tan grande y desvalido, tan soberbio y humilde, tan audaz y estúpido. Sabes que es tuyo, porque, lo sabes ¿verdad? Dale su ración de castigo y ódialo como a ti misma. Porque, te odias ¿verdad? ¿Cómo, si no, destrozas aquello de valor que hay en tu miserable vida? Quizá sea porque sientes la misma excitación que un coleccionista caprichoso al romper su jarrón Ming. Ver resquebrajarse súbitamente lo que antaño fue pieza única en el mundo, poder sentir el poder de tus designios con la destrucción, aniquilando el ser y la esencia de lo que posees.

A ese incauto no le importaría matarse recorriendo las curvas de tu cuerpo. Sólo por recorrer el trazado sinuoso de tu cintura le robaría al sol la aurora boreal. Por adentrarse en el túnel de la perversión…estaría dispuesto a firmar con el mismísimo diablo su perdición. Por ello, mientras puedas, sigue inventando placeres inalcanzables para someter a tu esclavo.

No dejes de mirarle, cada vez desde más y más alto. Tanto que llegará a ser insignificante cual lejana estrella, tanto que la distancia será tal que incluso olvidarás lo que un día fue. Sin embargo, esa misma distancia en el espacio y tiempo puede ser la misma que le aleje de tu abismo.

Ahora, vuelve tu mirada al espejo que ignoras, mírate por un instante y tiembla…estás delante de un monstruo y ojalá encuentres a tu príncipe azul…

Los tipos duros también se acobardan ante estos monstruos.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar