Atisbo de una traición.

Tengo prisa por llegar a la cama, aún pienso que mi dulce amada espera mi llamada, pero no es así, hace tiempo que murió la esperanza de hacerle conciliar el sueño con mis palabras de amor, hace tiempo que otro es el dueño de su sueño. A mí sólo me queda buscar la razón de esa traición, de qué manera me sustituyó en su corazón.

Aquí, tumbado en mi cama mirando absorto al infinito, me pregunto en vano por qué tuvo que fenecer la verdad, dónde guardó la sinceridad, por qué tanta maldad, cómo acalló su conciencia. Trato de averiguar cómo se pudo enfriar su cálida mirada y sólo acierto a culparme a mí mismo, soy culpable de amar sin condiciones, de querer ser aire para tomar cada parte de su ser, de permitir que cada latido de mi corazón dictara un monólogo de amor por ella, de entregarlo todo a cambio de desprecio continuado, de tragar orgullo al perdonar, de obviar la evidencia… si me estás leyendo te pido perdón (no hace falta decir nombres, pues sabes que mi amor por ‘’vos» es inconfundible).

Es lo único que te he pedido desde que nos conocemos, nunca te pedí explicaciones de ningún tipo, mi fe me cegó y no quería ver que tus furtivas visitas a los brazos de otros no eran encuentros infantiles, eran malintencionados. Ahora sé que aquella voz masculina y melosa no eran imaginaciones mías, como también sé que aquél era más que un amigo, era la evidencia de una infame traición.

En este momento, inmerso en mis sueños te veo cual tangible realidad, te sigues mostrando esquiva y altiva, sin tiempo para mí y mis estúpidos actos de pobre diablo enamorado, te busco y no te encuentro, algo escondes con inconcebible frialdad, me miras y me congelo, te miro y te vas, me pareció escuchar algo pero no dijiste nada, intento quedar contigo pero estarás ocupada… ya me llamarás.

Poco a poco el sueño torna en pesadilla: la llamada no llega, te llamo y no me coges, no quiero molestar pero la ansiedad me atormenta y necesito oír tu voz, de repente me coges la llamada… espero con impaciencia una palabra tranquilizadora. No llega esa palabra, al otro lado se oye una conversación, me niego a aceptar lo que oigo y me engaño, por fin te das cuenta y acabas con el tormento, cuelgas y apagas los teléfonos. Yo seguiré esperando con impaciencia y haciendo caso omiso a mi razón, mejor escucho a mi corazón: «Seguro que todo tiene una buena explicación, mas no saldrá de tus labios…»

Cercano está el fin de esta pesadilla: Sus sábanas, antes testigos de nuestra pasión, ahora son cómplices de la tentación, yo… víctima de su traición, allí quedó muerto su amor, el mío aún lo conservo con dolor.

Por fin despierto del letargo y miro con desconcierto las paredes de mi cuarto, todo sigue igual pero ya nada es lo mismo. La almohada está húmeda, cojo el teléfono, tengo que escribirle el sms deseándole los buenos días, ya sé qué le voy a escribir, pero de pronto vuelvo a acordarme: no ha sido un sueño, mi dulce amada es una triste amargada, no perdí nada porque nada tuve, me acompaña mi soledad, tengo un fuego que apagar y una realidad que asimilar porque todo esto son sólo recuerdos del atisbo de una traición…

Pintura: La muerte de Marat, por Jacques-Louis David (1793)

Zenit,»Siento»…No te la tomes al pie de la letra…

[Youtube=http://youtube.com/watch?v=V3TNTUPV7qw]

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar