Carta a mi ángel


Hoy un ángel emergió de entre las profundas y tenebrosas tinieblas que embargan mi alma. Sólo un gesto le ha bastado para dar luz a mi oscuridad, siento cómo su calidez ha evaporado mis lágrimas y sin saber por dónde, ha entrado en mis sueños. Ahora me pregunto si es el caprichoso destino el que me hizo no sentir su presencia o sólo fue mi lealtad por lo perdido la razón por la cual nunca acerté a verla.
Gracias a ese ángel todo el dolor sufrido parece una anodina anécdota, tan cercana y lejana a la vez que me hace temblar. Un frío sudor recorre mis sienes ante la incertidumbre del destino, ante la paradoja del efímero amor y el eterno dolor, ante la expectativa de un nuevo amanecer tras un largo anochecer de mi ánima.
Aún me pregunto de qué fulgurante manera ha derribado el muro de hostilidad manifiesta que me empeñé en construir, cómo ha conseguido que mi inanimado rostro exhiba una expresión de felicidad ya olvidada y por qué soy yo el objeto de salvación.
Ángel, si has venido a matarme hazlo veloz como el viento, no habrá enfrentamiento, quítame el aliento y no te diré lo que por ti siento. Si has venido a salvarme, para ganas de vivir darme, quédate a mi lado, di una palabra que de sosiego a mi tormento, regálame una mirada fugaz, una presencia constante y seré tuyo a cada instante.

Ya has hecho por mí más de lo que yo jamás podré hacer por nadie.

Sincera amistad

Gracias a Ella recuperó la ilusión pues Ella era esa ilusión, Ella le rescató de sus pesadillas convirtiéndolas en sueños, soñó con Ella y nunca quiso despertar, al despertar siempre estuvo cerca y ya no la quiso olvidar.
Todavía hoy guarda un grato recuerdo de su amistad con fidelidad y nada ni nadie borrarlo podrá, porque Ella forma parte de su pasado y en su destino estará. Ella fue su esperanza y su motivación, por ello tiene espacio en su corazón, muy cercano a la razón, perfecta conexión entre Eros y Psique que hoy le permite vislumbrar la sincera amistad. Ella no lo sabe con seguridad, pero Alberto tiene cuentas que saldar y para ello a su lado siempre estará, de sus pesadillas la querrá rescatar y de su realidad no desaparecerá jamás. Cuando tenga ganas de gritar él la escuchará; si tropieza, él la intentará sujetar; si cae, él la levantará. Si las lágrimas no le dejan ver la verdad, él se las secará; si la vista le duele de ver tanta maldad, él un mar de bondad le mostrará; si la voz rota por el dolor no le deja hablar, él las palabras correctas encontrará; si los oídos le duelen de escuchar tonterías, él dulces poemas le compondrá; si ásperas manos su fina piel se atreven a arañar, él sin duda la defenderá. Y todo siempre será el reflejo de una fiel y sincera amistad.

Ya sabes por qué no pongo tu nombre. Espero no molestar a nadie, pero tenía que escribírtelo, te lo debía.

Puta Ansiedad

Hoy Alberto no quiere salir a la calle, no tiene fuerzas para superar un nuevo día, respirar le cuesta, pensar no puede y escuchar no quiere. No sabe dónde quedó la inspiración, no encuentra motivación para seguir adelante, ni tan siquiera para seguir donde está. Siente cómo el interés por todo lo que le rodea decrece a cada segundo, no ubica su posición en su entorno, no se encuentra ni a sí mismo y ya está harto y cansado.
Pero ¿de qué? No lo sabe y eso le deja una sensación de frustración, tiene los mismos estudios de ayer, pero hoy no estudia; tiene el mismo trabajo de ayer, pero hoy no se esfuerza; tiene los mismos amigos de ayer, pero ya no los llama; tiene la misma vida de ayer, pero ya no ríe. Su voz apagada denota cansancio, su mirada perdida revela el desánimo que le deprime el alma, una sonrisa congelada nos hace cómplices de la ilusión perdida.
A todos priva de su felicidad ahora extinta, hablar con él es como una carrera de obstáculos donde debes saber evitarlos y terminar lo antes posible.
¿Dónde ir? ¿Qué hacer? ¿Luchar para qué? ¿A quién mirar? ¿Vivir…por qué? Terribles preguntas cuando no hallas respuestas, crueles dilemas que se presentan cuando eres tú el protagonista de esta historia.
Alberto no ve la luz porque la desesperación le ciega, Alberto no puede respirar porque el corazón no le deja, Alberto no puede vivir porque cree que la vida le tortura, Alberto siente cada segundo como una estocada mortal que penetra hasta dañar su razón, Alberto cree ser culpable de vivir, Alberto se siente exhausto en medio de una guerra que tiene que librar a cada momento contra su propia conciencia, Alberto tropieza porque está cegado y cae porque cree no tener apoyos, Alberto quiere encontrar una salida pero no puede buscarla…
En su peor hora, cuando ve que todo está perdido, un trágico lamento le susurra al corazón una rápida huída de esa terrible realidad, Alberto contempla la posibilidad de batirse en retirada, de arrojar la toalla, de poner fin a su tormento y lanzarse a los brazos de Hades. Un último suspiro, una última lágrima, un último adiós, unas últimas palabras que tienen por testigos y cómplices a bolígrafo y papel. Decide mirarse por última vez en el espejo para reconocer el reflejo del fracaso, de la desesperación. No sabe muy bien si es un valiente o un cobarde, tampoco sabe si hace lo correcto o está nuevamente equivocado, sólo sigue la voz de su conciencia que le dice: »hazlo».
No es una decisión, es una respuesta, no estaba planeado, sólo improvisado. En el instante previo al naufragio, suena el teléfono, al otro lado la voz de un ser querido. De pronto recuerda que no es egoísta, que siempre fue leal y que siempre prefirió la derrota a la retirada. De repente decide anular su partida para cuando le toque, no para cuando él decida, sigue sin ver la salida pero está dispuesto a seguir viviendo esta vida.

Sólo el reflejo de una reflexión

Hoy, reflexionando trato de encontrar la forma de:
calmar a mi indómito corazón,
convencer a mi confusa razón:
‘’ya no volveréis a oler esa flor,
ya no sentiréis más su calor;
os espera un nuevo amanecer
y su amargura ya no os hará desfallecer.
Que nunca estuvo allí, eso lo debéis saber;
que nunca os amó, eso lo debéis reconocer;
que jamás os animó, eso lo debéis ver;
que jamás os respetó, eso lo debéis comprender’’.

Lúgubres recuerdos despierta su presencia cercana y distante. Lo mejor de su paso devastador por mi vida es:
la reconstrucción del daño cometido,
pues el gesto resultó ser fingido
y mi corazón antes malherido
ahora está de amor henchido.
Ayer la melancolía me aturdía,
hoy mi sonrisa refleja alegría
y mañana…más todavía.

Así es, reflexiones en voz alta (provocadas por una visión fugaz) para apaciguar mis nervios, calmar mi corazón, dar argumentos a mi razón, despertar conciencias y vanagloriar egos.

Va por vosotro@s

Porque cuando nació la desesperanza el miedo me invitó a sucumbir, porque cuando luché contra el miedo sólo vuestra virtud me salvó, porque del mismo miedo la virtud surgió…la virtud de superarlo, porque os diviso en el horizonte cuando me encuentro perdido en el camino, por ser ese hombro en el que me apoyé, por ser ese pañuelo en el cual mis lágrimas sequé, por ser esa palabra que da aliento a mi ánima, por dotar de significado al término amistad, por no cobijar la maldad…por todo eso y mucho más: Gracias
A ti perrillo por tu fidelidad y lealtad,
a ti Arystor por tenerme que aguantar,
al maestro por aportarme sabiduría cada día,
a ti lokillo por mostrarme el valor de la cordura,
a Tania por regalarme su dulzura,
a Juan por verlo todo de otro modo,
a Juany por estar conmigo hasta en el lodo,
a ti Manolo por no desaparecer,
a ti Canio por junto a mí crecer,
a Sergio por mostrarme el rap y sus virtudes,
al nano, que siempre estuvo aquí, no lo dudes.

 

Es una deuda que tengo con vosotr@s. El orden elegido es aleatorio, no os enfadéis. A otras grandes personas como Bea, Desi, Hierro, Jose Antonio, Ángela, Juanda, Pablo…y muuuuchos compañer@s de clase y trabajo…no creáis que me olvido de vosotros, pero es que estos pobres llevan padeciéndome ya mucho tiempo.

P.D. espero que no me hagáis tragar estas palabras en un futuro.

Amor escondido

Siento que sus ojos me iluminan, son la guía que me ha de conducir por el camino de la felicidad. Cada palabra suya borra un mal recuerdo, cada sonrisa regalada da vida a mi alma, cada mirada encontrada…me anima a buscarle.
De ella sólo sé lo que mi corazón me dicta, de mí sólo sabe lo que ve, somos dos desconocidos que desconocemos nuestros sentimientos. El temor a un nuevo fracaso me aleja de ella, pero la ilusión de ser correspondido me incita a seguir adelante. Mi mente no descansa, »su ser me ha devuelto el sueño, sueño con su voz, su voz me da la esperanza de sentir su piel, su piel me invita a tocarla, tocarla sería un placer, un placer sería amarle, amarle a usted, usted sería mi vida, mi vida será de usted…»
Con impaciencia afronto un nuevo día, no verle es un fracaso, verle fugaz es una tortura y la inquietud por saber algo de su vida me desespera. Sólo sé que no puedo parar de pensar en ella y que cada segundo sin su presencia es una eternidad perdida en el vacío.
Quisiera decirte tantas cosas…no sé cómo empezar, ‘’desearía que todo permaneciera igual, que la pasión nunca corrompiera este amor de mi por vos, que tu sonrisa siguiera siendo un enigma por descifrar, que mi mirada continuara invitándote a amar, que tus palabras siguieran alimentando las llamas de este corazón que ya se empieza a quemar…’’

Gracias mamá

Un día me levanté de la cama y conmigo se despertaron ciertas dudas que no acertaba a responder, me di cuenta de la dicotomía existente entre pensar y actuar, entre decir y callar, en definitiva entre ser sinceros y valientes frente a ocultar nuestro interior bajo una capa de indiferencia.
Por eso hoy he decido ser valiente, no te equivoques mamá, sabes que no estoy hablando por mí solo, sino también en nombre de los demás, de mis hermanos y de mi padre. Aquéllos no escriben nada pero intentan demostrarlo a su manera, el viejo quizá no lo haga por no estar acostumbrado a hablar de amor.
Trato de hacerte ver el profundo cariño y respeto que te has granjeado entre todos nosotros, porque cuando nos encontramos en el precipicio te buscamos y estás allí desde el inicio, porque aunque no entiendas las situaciones siempre nos ayudas a afrontarlas, porque cuando las espadas están en alto tú siembras la paz, porque cuando algo va mal siempre nos acordamos de ti y cuando va todo bien pasas a un segundo plano aceptándolo con resignación.
Es de suponer que nuestra actitud egoísta es ley de vida, como lo es que algún día nos tengamos que marchar, primero de tus brazos y luego rumbo hacia lo desconocido. Esta cuestión es la razón por la cual me animo a escribirte estas líneas, no quisiera dejar los deberes para última hora y después arrepentirme.
Básicamente intento decirte que cuando el árbol empieza a secarse es cuando más hay que regarlo, pues bien, nuestro cariño será para ti como el agua para el árbol, ese árbol que ha dado a la vida sus frutos, el mismo que nos cobija sin pedir nada a cambio, el mismo que tanto nos ha enseñado.
Y es que de ti hemos aprendido a respetar a los demás como base para respetarnos a nosotros mismos; nos has enseñado que la fidelidad existe; vemos en ti un ejemplo de valentía y perseverancia hasta en las situaciones más difíciles, aunque en alguna ocasión la toalla rozara la lona; en definitiva eres el paradigma de cómo supervivir con dignidad.
Como si de Atlas se tratara, te echas el mundo a tus espaldas y bajo tu cobijo seguimos adelante, con la seguridad de saber que tú nos levantas tras cada caída. Cual Hércules pareces invencible y tu fortaleza se contagia. Por todo ello te doy las gracias, por darme las armas necesarias para afrontar cada situación y superar con solvencia aquéllas más difíciles…gracias mamá.

Atisbo de una traición.

Tengo prisa por llegar a la cama, aún pienso que mi dulce amada espera mi llamada, pero no es así, hace tiempo que murió la esperanza de hacerle conciliar el sueño con mis palabras de amor, hace tiempo que otro es el dueño de su sueño. A mí sólo me queda buscar la razón de esa traición, de qué manera me sustituyó en su corazón.

Aquí, tumbado en mi cama mirando absorto al infinito, me pregunto en vano por qué tuvo que fenecer la verdad, dónde guardó la sinceridad, por qué tanta maldad, cómo acalló su conciencia. Trato de averiguar cómo se pudo enfriar su cálida mirada y sólo acierto a culparme a mí mismo, soy culpable de amar sin condiciones, de querer ser aire para tomar cada parte de su ser, de permitir que cada latido de mi corazón dictara un monólogo de amor por ella, de entregarlo todo a cambio de desprecio continuado, de tragar orgullo al perdonar, de obviar la evidencia… si me estás leyendo te pido perdón (no hace falta decir nombres, pues sabes que mi amor por ‘’vos» es inconfundible).

Es lo único que te he pedido desde que nos conocemos, nunca te pedí explicaciones de ningún tipo, mi fe me cegó y no quería ver que tus furtivas visitas a los brazos de otros no eran encuentros infantiles, eran malintencionados. Ahora sé que aquella voz masculina y melosa no eran imaginaciones mías, como también sé que aquél era más que un amigo, era la evidencia de una infame traición.

En este momento, inmerso en mis sueños te veo cual tangible realidad, te sigues mostrando esquiva y altiva, sin tiempo para mí y mis estúpidos actos de pobre diablo enamorado, te busco y no te encuentro, algo escondes con inconcebible frialdad, me miras y me congelo, te miro y te vas, me pareció escuchar algo pero no dijiste nada, intento quedar contigo pero estarás ocupada… ya me llamarás.

Poco a poco el sueño torna en pesadilla: la llamada no llega, te llamo y no me coges, no quiero molestar pero la ansiedad me atormenta y necesito oír tu voz, de repente me coges la llamada… espero con impaciencia una palabra tranquilizadora. No llega esa palabra, al otro lado se oye una conversación, me niego a aceptar lo que oigo y me engaño, por fin te das cuenta y acabas con el tormento, cuelgas y apagas los teléfonos. Yo seguiré esperando con impaciencia y haciendo caso omiso a mi razón, mejor escucho a mi corazón: «Seguro que todo tiene una buena explicación, mas no saldrá de tus labios…»

Cercano está el fin de esta pesadilla: Sus sábanas, antes testigos de nuestra pasión, ahora son cómplices de la tentación, yo… víctima de su traición, allí quedó muerto su amor, el mío aún lo conservo con dolor.

Por fin despierto del letargo y miro con desconcierto las paredes de mi cuarto, todo sigue igual pero ya nada es lo mismo. La almohada está húmeda, cojo el teléfono, tengo que escribirle el sms deseándole los buenos días, ya sé qué le voy a escribir, pero de pronto vuelvo a acordarme: no ha sido un sueño, mi dulce amada es una triste amargada, no perdí nada porque nada tuve, me acompaña mi soledad, tengo un fuego que apagar y una realidad que asimilar porque todo esto son sólo recuerdos del atisbo de una traición…

Pintura: La muerte de Marat, por Jacques-Louis David (1793)

Zenit,»Siento»…No te la tomes al pie de la letra…

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