»Damnatio memoriae…»

Bueno, no sé muy bien ni cómo empezar ni cómo terminar este post. Así que voy a ir directo al grano.

Voy a dejar de publicar textos durante un largo periodo de tiempo. Tan largo que puede que cierren el blog para cuando vuelva a retomarlo, si es que algún día lo retomo.

¿Los motivos? Pues tan complejos como el destino mismo. Como todos los que me seguís sabéis, este blog nació espontáneamente y casi contra natura, en él he ido exponiendo todos mis aconteceres y vivencias; bueno, también mis des-vivencias y algunos textos que me han pedido y otros que los he escrito como meras pruebas de estilo. Absolutamente todos han sido una vía de escape para mí y los he escrito con todo el gozo y disfrute que me permite la escritura.

Precisamente, ahí está el problema. Desde hace varias semanas estoy escribiendo con gran profusión sobre mí, sobre mis sentimientos y sobre las personas que (no)-me rodean. No los he publicado porque como bien sabéis no me gusta publicar todo lo que escribo ipso facto, pero tampoco me he deshecho de ellos. Antes bien, los he guardado y los he vuelto a leer recientemente con escalofriante resultado: dolor, desesperanza y hastío…

Sencillamente, me he dado cuenta de que he vuelto a repetir una temática de antaño, que para mi gloria y tranquilidad ya estaba olvidada (esa temática y los nefastos sentimientos que despertaba en mí), pero que nuevamente está destrozándome lenta, aunque inexorablemente por dentro, cual cáncer con metástasis.

Por esa razón, voy a eliminar el problema de raíz extirpando el tumor…dejando este blog, pues de él nace el problema y sólo en su abandono está la solución.

En fin, no sabéis cuánto me duele, más aún viendo cómo hasta hace menos de un mes creí haber hecho bien tendiéndole la mano al destino…pero ese es un hijo de puta que me la tiene guardada…y esta vez no le voy a dar permiso para joderme la vida.

No hace falta que mencione a quiénes les estoy especialmente agradecido…ya los sabéis de sobra.

Siempre estaréis conmigo y yo con ustedes.

Para mi cacito…

«Me gustaría decirte que

anduve vagando perdido en mi interior encontrando tan sólo una fría y desesperanzada incredulidad que me llenaba de un obscuro vacío. Y es que el sol me dio la espalda dejando de iluminarme y abocándome a un frío glacial que pareció congelar mis confusos sentimientos. Así fue como dejé de desear algo más allá de un gratificante olvido y una impertérrita indiferencia, pues sólo esto podía conducirme a mi ansiado paraíso de soledad.

Sin embargo, de la nada apareciste tú. Sin previo aviso abriste mi puerta y me mostraste tu delicada gracia, invitándome a disfrutar de tu presencia en la distancia.

Aún sigo sin saber ni cómo ni por qué, pero cada día, al levantarme, siento mi mente llena de ti. En sueños te tengo y te siento; pongo voz a tus palabras y sonido a tu risa. Tanto allí como aquí me quedo embelesado mirándote sonreír, viendo cada paso que das y analizando cada gesto espontáneo de tu cuerpo.

Aunque no lo sepas o no lo quieras creer, cuento cada minuto de sosiego y felicidad que me brindas con tus palabras y castigo al reloj con la mirada cada segundo que paso esperándote«

Tan sólo quiero…

Pensarte, y soñarte, y mirarte, y tocarte, y sentirte, y conmoverte cual delicado y fugaz soplo de  aire gélido, que envuelve un cuerpo desnudo en el sereno de una fría noche de invierno, para estremecerte de tal forma que sólo entre mis brazos llegues a encontrar cobijo y calor…

Acompáñame a mi infierno interno.

Ven, cógeme del brazo y acompáñame a lo más profundo de mi infierno interno.

No te prometo una salida indemne, ni tan siquiera te puedo asegurar una escapatoria. Sólo sé que allí encontraremos un tétrico lugar donde el frío más áspero combate con unas llamas que no dan luz a sus moradores, navegantes en la obscuridad.

Se trata de un mundo habitado por viejos fantasmas que me atormentan desde tiempos remotos. Unos nos esquivarán, pues ya conocen a éste su amo y saben de su inclemencia para con ellos desde que fueron sometidos por el temple de la razón y la fuerza del corazón. Otros, vagarán sin rumbo definido mirando al suelo sin percatarse de nuestra presencia, intentando rememorar una felicidad que quizá nunca existió y cuya prometida existencia los enloquece aún más a cada paso que dan. No obstante, recuerda, a nuestras espaldas, siempre a nuestras espaldas, acechan furtivamente aquéllos capaces de encerrarme en las mazmorras del averno para toda la eternidad. Son aquéllos que huyen de dolores añejos para perseguirme y torturarme a mí, los que reniegan de la perfidia ajena y me traicionan a mí, los que rememoran a cada instante cada segundo pasado abocándome al olvido de mí mismo…

Si tan funestos entes llegasen a adueñarse de mi ánima, solo tú podrías enfrentarte a ellos ya que eres la luz que falta en mi infierno interno y harías languidecer hasta al más cruel de los seres inanimados de los que podría ser cautivo.

Tal vez sea tu luz la única que podría liberarme o tal vez sea ella precisamente la que me condena a vivir en un infierno pues, ¿qué es quererte y no tenerte, si no es vivir en un infierno?

El justiciero de la palabra…

No me juzgues por lo que dije, sino por lo que callé. Si alguna vez obvié la virtud de mi sinceridad, ahogándola en un cruel silencio nacido de mi somnolienta conciencia, merezco ser reprendido con dureza exacerbada. Empero, si despierto tu indignante indignación con mis aleccionadoras palabras, entonces rinde pleitesía a este justiciero de la palabra. Si quebranté tu imaginación mostrándote la cruel realidad, no te quejes y agradece. Si hablé careciendo de potestad para ello, entonces imploro perdón, mas si te di el consejo que pediste sin ser de tu agrado entonces es que algo debes cambiar. Finalmente, si buscas el amparo de mis palabras y sólo te obsequio con pétrea indiferencia, entonces reza, pues llevaré tiempo bajo tierra.

Sueños del olvido.

Este texto lo tenía guardado por miedo a tener que tragarme mis palabras. Tiene bastante tiempo, aunque quizá menos del que me hubiera gustado. Y es que un buen día me desperté, me levanté y me dí cuenta de que…

Anoche contigo quise soñar,

mas no te soñé.

Tu cara nunca quise olvidar,

mas en sueños la olvidé.

Cuánto te amé ayer,

con tu desprecio exorbitado,

hoy no lo puedo entender,

mas todo ello está superado.

Ahora me doy cuenta:

tu recuerdo está olvidado.

Mi corazón lo intenta,

pero sólo eres pasado.

Lágrimas dulces.

Anoche el destino me ofreció en copa de oro la ambrosía de la cual se alimenta mi inspiración. Así es, me agasajó con abundantes lágrimas. No eran saladas, pues no salían de unos ojos, sino de un marchito corazón. Eran dulces porque no las provocaba un dolor añejo, nacían de la esperanza de un ser iluso.

Súbitos recuerdos aparecen en su mente. Dolida al ver lo que pudo ser y no fue, atormentada al pensar que sólo fue una tormentosa ilusión fruto de su imaginación. Decepcionada, pues no logra entender por qué no vio un indicio del papel estelar de aquél que en sueños le visita.

Intentó hacerse la dura,

mas bien sé yo que lloró a oscuras.

Gajes de esta vida puta,

que por ver el árbol,

del bosque no disfruta.

Actitud que mal futuro augura

matándole con dolorosa tortura.

Escuchando su lamento,

yo le explico y le comento:

que la angustia del momento

no es un mal eterno;

que no ahogue su mal

aferrándose a esa botella,

pues hay mejor opción

para curar tan vil traición.

No te preocupes por aquello del ayer y mantén viva tu esperanza en el mañana, aunque debes saber que el amor es una droga dura que nos ciega y envenena. Así pues, el mejor antídoto contra el amor es ver la cruda realidad. Por ello te dedico mis letras, para que aprendas a mostrar insipidez en situaciones límite, para que hagas de tu caída tu lección, para que no escuches más los cantos de sirena y, sobre todo, para que tu corazón no vuelva a derramar dulces lágrimas.

‘’No creas ni en dioses ni en genios. Los primeros los crea nuestra mente, los segundos suelen desaparecer una vez han satisfecho deseos…los suyos’’

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