Excma. Sra. Dña. Alcaldesa de mi querido pueblo,
le dirijo esta misiva motivado por el desconcierto que experimenta mi espíritu al ver la nueva realidad que se impone en dichos lugares de ocio y divertimento tan nuestros. Tan de España.
No pretendo hacer una relación detallada de los mismos, ni mucho menos. Tampoco pretendo recriminarle nada, ni demandarle una pronta actuación, ni exigirle soluciones ¡Válgame Dios, bien sé yo que los políticos no estáis para eso!
Simplemente me propongo describir someramente algunos aspectos que me llaman la atención del panorama actual en cuanto a los bares de mi pueblo se refiere.
Y es que no paro de darle vueltas a la cabeza cada vez que veo a ese bar que fue traspasado hace poco a unos nuevos dueños, los cuales contrataron a tres o cuatro camareras –muy monas, por cierto, provenientes del Este de Europa- y que recientemente han puesto un vistoso cartelito que pone «café»–sin tilde, claro- No paro de preguntarme por qué dicen que los conejos del sitio son lo mejorcito de la comarca…quizá no sea un bar, a lo mejor es una tienda de animales que no cierra en toda la noche…no sé, no sé.
Hablando de noches ¿Qué me diría usted si yo le cuento que hay algún que otro bar que cierra tempranito, sin permitir entrada a nadie, pero que sí deja entrar a unos amigotes varias horas después de cerrar? Bueno, es verdad, no escuchan música ni bailan, ni toman nada. Además, sus carros dan mucho postín al vecindario. Ojalá tuviese yo sus cochazos, sus amiguitas…y su impunidad –para poder entrar, claro.
Otra cuestión de la que me gustaría hablarle es del alarmante aumento de clientela de los baretos mugrientos de toda la vida. Supongo que es una especie de regla de tres en este país: a más paro, más cierra-bares. Pero la culpa de eso la tienen otros… ¿no?
Por cierto, hay pocas cosas más desoladoras que ver uno de esos baretos made in Spain vacíos y tristes una noche de ‘’furbo’’. Simplemente porque su antigua y desleal clientela se ha ido al bar de enfrente –en sentido literal- porque tiene una televisión de plasma, o LCD, o como coño se llame. Pero así es la vida…así son los bares de mi pueblo.
Con la certeza de que no llegará a sus ojos esta carta y sin más que añadir, se despide de usted este humilde contribuyente.