El silencio, sí, el silencio. Ese cruel aliado del cual todos huyen sin razón, ese nefasto enemigo que hace a nuestra conciencia desplomarse a los pies, ese sádico testigo de nuestras derrotas, ese que hace que una leve caída suene con fatal estruendo, ese cómplice de la mentira, ese admirador secreto del perdón, ese que augura malos presagios, ese que corrobora la verdad, el mismo que a su vez la esconde, ese eterno incomprendido, ese que nos hace miserables frente al espejo y magnánimos frente a otros, ese que levanta sospechas y sentencia condenas inexplicables.
El silencio, sólo él nos hace libres y sólo su ausencia nos esclaviza. Sí, el silencio, ese preciado tesoro que se guarda con tanto celo que un suave suspiro nos lo arrebata sin marcha atrás.
‘’Lo siento por ti que no has entendido ni una mierda de lo que significa el silencio, a lo peor es que te niegas a escucharlo porque prefieres oír tu estúpida voz sin decir nada’’