La muerte no es el final.

Sinceramente no sé por qué no me decidí antes a poner este vídeo o alguno similar en honor a esos héroes que dan su vida al servicio de todos nosotros a cambio de un mísero sueldo.

Para el que no lo sepa la letra es »La muerte no es el final».

Debido a los problemas del anterior vídeo he decidido poner este, un acto oficial en homenaje a los caídos. Además tiene la letra (con pequeños errores).

Me lo dijo el silencio.

El silencio, sí, el silencio. Ese cruel aliado del cual todos huyen sin razón, ese nefasto enemigo que hace a nuestra conciencia desplomarse a los pies, ese sádico testigo de nuestras derrotas, ese que hace que una leve caída suene con fatal estruendo, ese cómplice de la mentira, ese admirador secreto del perdón, ese que augura malos presagios, ese que corrobora la verdad, el mismo que a su vez la esconde, ese eterno incomprendido, ese que nos hace miserables frente al espejo y magnánimos frente a otros, ese que levanta sospechas y sentencia condenas inexplicables.
El silencio, sólo él nos hace libres y sólo su ausencia nos esclaviza. Sí, el silencio, ese preciado tesoro que se guarda con tanto celo que un suave suspiro nos lo arrebata sin marcha atrás.

‘’Lo siento por ti que no has entendido ni una mierda de lo que significa el silencio, a lo peor es que te niegas a escucharlo porque prefieres oír tu estúpida voz sin decir nada’’

Quizá mañana

Tal vez mañana me atreva a decirte que un día quise ser tierra para besar tus pies con cada pisada, para conducirte por caminos remotos hacia lo más profundo de mi ser.
Que deseé ser aire para darte la vida a cada segundo, para darte un abrazo infinito que te elevara a lo más alto y para alejar a las nubes que se dispusieran a nublar tus ojos.
Que anhelé ser agua para besarte cada mañana y recorrer suavemente tu piel cada vez que lo hubieras deseado, así las únicas gotas que hubiesen acariciado tu rostro habrían sido dulces, no saladas de amargo dolor.
Que soñé ser fuego para quemar los malos recuerdos del ayer, para eliminar los males que te atormentasen y para ser la luz de tu vida.
Quizá mañana me atreva. Sólo quizá y sólo mañana, pues hoy sé que nada de eso está en mis manos y que el amor es algo demasiado perfecto como para que triunfe entre los seres humanos.

Consejos para mi socio.

Socio, estas letras van por ti.
Por fin ves la realidad desde el otro lado de la mentira y sabes que eres un buen tratador mal tratado.
Sé que la ansiedad no te deja pensar, que estás hasta la polla y con ganas de mandarlo todo a la mierda porque aquel Bonsái no es más que una puta que se ha ido con un puto cabrón. Sé que por culpa de la resaca de dolor que dejan dos almas enfrentadas has perdido el sueño y hoy se lo reclamas en silencio.
Pero es hora de pasar página. Relájate, reflexiona y conversa con tu corazón poniendo como testigo a la luna. Te darás cuenta que no estás solo, tienes a los que te quieren y a los que te rodeamos. Así dominarás la ansiedad y verás aparecer un ángel cuya sonrisa te iluminará y verás el cielo abierto en sus ojos. Aparecerá el amor que te empeñas en esconder por miedo a una traición porque el amor siempre vence al odio y con el tiempo, tu esfuerzo y sin su ayuda serás fuerte como Dorian Yates. Tendrás tanta fuerza que serás capaz de olvidar sus abrazos y de negarle el perdón a su intranquila conciencia.
Quizás te comportarás como un cobarde por creer que allí no hay nadie que merezca ser amado por tu amor, no obstante te recuerdo que la vida es corta y se va rápidamente, sé inteligente y atrevido como mi loco favorito, Arturo Pérez Reverte. Como él, aprende de las desgracias y disfruta de la sincera (y escasa) amistad. Al final todo será como una jornada de pesca.

»él y ella – arma blanca y dlux »

Allí no hay nadie

Hoy el viento trajo recuerdos de un ayer que quizá jamás existió. Nunca un silencio fue más estruendoso, nunca creí que el alma pudiera conmocionarse de forma tan súbita, nunca hallaré respuesta al por qué de nada y sin embargo el viento se preocupa de traer a mi memoria sucesos que nunca pasaron, no al menos de la forma en que los recuerdo.
Una pesadez indescriptible invade mi ser impidiéndome reflexionar con lucidez, con cada segundo que pasa en el reloj veo más lejos toda capacidad de respuesta, cada segundo es como un gramo de tierra que se posa en mi cabeza y me va enterrando lenta pero inexorablemente.
Allá a lo lejos escucho una risa que rompe el silencio, pero no hay nadie, o tal vez está demasiado lejos. No obstante veo unos ojos que dan luz a esta oscuridad, pero…no hay nadie. Creo escuchar unas palabras que me calman, ¡¡pero no hay nadie!!.
Estoy yo solo empecinado en resolver un enigma que no tiene solución, en solucionar un problema que no existe, pero qué se puede hacer cuando se es dueño de un corazón que desea amar y de una mente que se niega a escuchar a su corazón.

Por ahora…cobarde.

Decirlo y no pensarlo, pensarlo y no decirlo, decirlo sin pensarlo, ciertamente hay matices sutiles que marcan la diferencia, la cual condiciona el destino del individuo, quien tiene que decantarse entre la valentía y el arrojo ante lo incierto pero presumiblemente adverso, o la seguridad efímera que le otorga la cobardía.
Son reflexiones que se desvanecen al compás de las bocanadas de humo que salen de mi boca, son reflexiones de un corazón que arde como el puro candente que se niega a desaparecer entre mis dedos aún sabiendo que el fuego que le da la vida es el mismo que lo consume. Así me siento yo, deseando amar pero sin ganas de sufrir y sin fuerzas para luchar, mucho menos si el resultado es una derrota o en el mejor de los casos una victoria pírrica.
De esas ya tuve demasiadas

Tu sonrisa.

Si pudiera decirte lo feliz que haces a cuantos te rodean con sólo una mueca de tu rostro; si pudiera cifrar cuánto vale tu sonrisa; si supiera cómo describirla sin molestarte; si pudiera acercarme a ti suavemente como ese suspiro de Dios que mueve tu pelo y cautiva a todo aquel que lo admira; si pudiera tan sólo hablarte sin escupir incoherencias motivadas por mi inconsciente que me domina…
Mientras tanto seguiré escondiéndome en la seguridad de mi rincón viendo cómo el destino juega sus cartas gastando bromas con la mano del azar.

Tus ojos, mis cielos.

Una nube de desilusión parece nublar sus dos cielos de belleza sin igual, esos que sin saberlo dieron paz a mi alma. Una lágrima próxima a caer anega de dolor ese paraíso perdido, que sin proponérselo fue mi cura. Una mirada esquiva y derrotada ya no regala felicidad, su cabeza agachada y distraída denota decepción y sus labios temblorosos ocultan su temor.
Se cree inferior a un ser anodino, pero ella es tan sublime que mis palabras se esconden a su paso y mi ser queda hipnotizado cuando me invita a disfrutar de sus ojos, que son dos cielos que ofrecieron sosiego a este perturbado corazón.
«Al igual que yo encontré cobijo al amparo de tus ojos y felicidad espontánea motivada por tu sonrisa, quisiera abrirte mi pecho y otorgarte su refugio para que ahogaras tus penas en la sangre que fluye por mi corazón, el cual sigue latiendo gracias a personas como tú.´´

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