Bajo un negro cielo decorado por millones de estrellas, una pareja de amigos pasean despreocupados. Ella no deja de buscar sus ojos, él no deja de mirar al frente. No hay que ser muy avispado para percatarse del amor que ella le profesa. Él, sin embargo, sólo la ve como una amiga sobre la cual apoyarse.
Casualmente, en un acto reflejo, el joven ve pasar una estrella fugaz que en poco rato será el motivo para ver resquebrajarse a un débil corazón.
-¿Ves esa estrella fugaz en el cielo? –Le pregunta el incauto- Puedes pedir el deseo que quieras que se cumplirá, confía en mí.
Ella, consciente de su situación, le contesta.
-Mejor no, en serio, no estoy yo para esas cosas.
-Pero si no te cuesta nada, -le insiste entre gestos de prisas- venga vamos, decídete.
Con una mueca de derrota, cabizbaja, le replica.
-De verdad, no tengo nada que desear, al menos nada que pueda realizarse.
Resuelto a no dejar escapar la oportunidad que el destino le brinda, resuelve: -Bueno, entonces lo pediré yo por ti…ya está.
¿Qué has pedido? –le pregunta invadida por la curiosidad.
Él, que sabe perfectamente lo que su acompañante siente, le responde.
–Que tus deseos se cumplan.
–Entonces, ¿llegarás a amarme algún día? –le pregunta la desdichada, quien, embargada por la emoción de ver cumplido el mayor de sus deseos, vuelve a buscar los ojos del desagradecido.
Tras un incómodo silencio sepulcral, bajo la luz de una farola en lo más recóndito de su ciudad, le confiesa con frialdad camuflada de comprensión.
–Sabes que eso no es posible.
Y tú, ¿eres una araña?
Este texto va dedicado a la inmensa mayoría de las personas hipócritas, falsas e interesadas que nos rodean.
Astuta araña, hoy te dedico estas letras para hacerte saber que, a pesar del pánico y repugnancia que tu presencia despierta en mi ánima, te admiro sinceramente.
Algún día entenderé tu capacidad de resistencia, tu inteligencia y tu meticulosidad a la hora de tejer esa tela que tan buenos resultados te da. ¿Cómo una tela tan fina es capaz de atrapar presas tan esquivas? Por favor, dime cuál es el secreto de tu constancia y eficacia.
Después, si lo deseas, revela a este humilde servidor de qué manera consigues mantenerte tan fría y calculadora como para no dudar ni un instante en embutir a tu víctima en esa maraña de desesperación.
¿Acaso es tu apariencia desvalida la que te confiere tales poderes? ¿Quizá se trate de tu sigilo? No, probablemente se trate simplemente de las ventajas de tu naturaleza arácnida.
Ahora comprendo, no es ni pánico ni repugnancia lo que siento por ti, es… ¿envidia?
Tal vez sea más execrable envidiar a una pérfida araña que serlo, pero, ¿qué puedo hacer yo contra tus letales armas? Por más que he tratado de esquivarte siempre consigues acorralarme hasta que quedo exhausto y moribundo, entonces te das media vuelta y consigo zafarme, mas ahora siento que no tengo fuerzas para huir.
Sólo me queda la esperanza de que algún día te cruces con una mayor que tú, juegue contigo, te acorrale, te oiga lamentar y suplicar, te envuelva es sus redes y finalmente, al menos antes de morir, pidas perdón y te arrepientas de haber colocado tantas trampas en el camino de los demás.
Princesa rana maldita.
Este texto va dedicado a todas aquellas personas que cambiaron su forma de ser por una falsa esperanza.
Encantada princesa, mira por un momento el reflejo de tu alma en las nítidas aguas que te presento. Sal por un instante del lodo en el que te encuentras y dime:
¿Cómo no te diste cuenta? ¿Qué te llevo a cometer tan grave error?
Ciegamente besaste aquella apática rana surgida de lo más sucio de ese charco. Creíste en los cuentos de hadas y te lanzaste al vacío sin ver que el destino a veces nos gasta terribles bromas. Suplicaste por su amor y nada ni nadie te importó. Tan solo miraste fijamente a ese anodino y hasta despreciable ser, lo acogiste en tu seno y quisiste que todo cambiara para vivir y morir juntos.
Reconócelo, no era esto lo que pretendías: pudiendo resguardarte en la confortable seguridad de tu palacio, ¿por qué vivir en un cenagoso charco, a expensas de fatales peligros?
Ahora, observa tu brutal aspecto reflejado en estas aguas cristalinas que te traigo y recuerda tan nefasta metamorfosis que te convirtió en algo irracional. Sí, esa pequeña rana es en lo que te has transformado. Conservas aún tu gracia, incluso dejas entrever cierta belleza. Pero no te engañes, no eres bella.
¿De veras creíste que tu amor le cambiaría? Pobre ilusa atormentada por vanas esperanzas alimentadas de fútiles recuerdos de un pasado que jamás existió y te empeñas en creer.
Pese a ver tu desdicha, te niegas a culparle. Es eso lo que te hace un ser tan aborrecible como él, es eso lo que te hace conservar el infame aspecto que adquiriste al brindarle tu amor, es esa la causa por la cual te viste destronada y despojada de todo, incluso de tu ahora extinta humanidad.
Sabes qué es lo peor de todo, que pese a mis esfuerzos no entenderás nada de lo que te digo, y aunque llegases a entenderlo…¿Cómo ibas a ver tu alma reflejada en el agua, si una miserable rana carece de alma.?
Paseando por la calle del olvido.
Caminando por la calle del olvido, concentrado en mis sueños muertos, encontré mordiendo el suelo a un iluso corazón. Afanado en tan penosa tarea no se percató de mi presencia, no podía escucharme, o más bien no quería hacerlo.
Yo, por mi parte, no entendía lo que él decía, sólo alcancé a oír una especie de murmullo o lamento. No obstante, algo era cierto, con cada mordisco que daba al pétreo soporte más se demacraba su aspecto. Pensé en alejarme tal cual había llegado, en silencio, pero aquella situación me recordaba a mí mismo no sé en qué, por ello traté por todos los medios de llamar la atención de aquél maltrecho corazón, quejumbroso y hambriento de… ¿suelo?
Amigo -insistí-, ¿no ve que se está haciendo daño? ¿no se da cuenta de que lo que hace no le saciará el hambre?
Por fin, ese corazón manchado de negro y hecho añicos dirigió su perdida mirada hacia mí y respondió: No sacia el hambre pero me gusta.
Pero, ¿no ve que usted ennegrece con cada mordida que da? –apunté, atónito por lo que estaba escuchando-.
Únicamente sé –repuso- que pasó por aquí y es lo que me queda. Quizá, saboreando sus huellas se percate de cuánto le amo, quizá vea lo que soy capaz de hacer por amor.
Sólo recuerdo que intenté decirle que no conseguiría su propósito. Ese pobre corazón no se dio cuenta que estaba en la calle equivocada, pues si yo no conseguí nada devorando la avenida del dolor, el paseo del amor, la calle del deseo y el callejón de la esperanza, ¿cómo diablos pretende recuperar a nadie engullendo la calle del olvido?
Dos vídeos para Obama.
A nadie se le escapa que me encanta el rap. Ahí os dejo dos temas dedicados al nuevo presidente de U.S.A.
Rosa espinada.
Cual expresión lacónica de un vago recuerdo:
»Ayer el dulce olor de una rosa me cautivó, mas hoy sé que fue su fina espina lo que me hirió»
Aviso a navegantes…
¿Alguna vez te has sentido cual mar en calma a punto de desbordarse? Así es como vuelvo a sentirme después de tantas semanas en paz conmigo mismo y con el infame mundo que me rodea.
Tantos esfuerzos por espantar la maldad y cobardía de mi entorno, por sentirme bien y hacer sentir bien a los que están cerca, para que de repente todo se confabule en una espiral malévola con el único propósito de hundirme de nuevo.
¿Cuántos grados se puede inclinar un vaso lleno antes de que se derrame? ¿Cuántas gotas de agua le hace falta para derramarse? Si veis que ya está lleno, no sigáis porque os podéis quedar sin agua, y este vaso ya está a punto de quebrar.
Con lo fácil que es todo cuando se hace de buena gana y sin dobles intenciones. Cuando una sonrisa es expresión de felicidad y no un atisbo de maldad congelada.
No seré yo quien arroje la toalla antes de ser noqueado, queda dicho: ‘’mejor morir de pie que vivir arrodillado’’, y hacedme caso, tengo muy mal las rodillas y poco apego a la vida que me estáis dando.
»No se trata de morir defendiendo mis ideas, se trata de que el enemigo muera defendiendo las suyas»
No quiero caer.
Hoy el destino se bifurca en dos sendas que me separan de mis sueños para ayudar a dos almas a encontrarse.
No es filantropía, no es amistad, no es amor, mejor llámalo egoísmo, pereza y temor. Estoy cansado de mirar demasiado alto a la cima de esta montaña que jamás podré coronar. La vida me ha puesto demasiado lejos y me ha dado demasiadas limitaciones como para tener el descaro de plantearme tal reto.
Bien sé yo que lo que un día llamé cobardía no era más que cordura. Si sabemos que yo nunca podría conseguir estar en sus sueños, que yo nunca podré caminar cogido de su brazo, ¿por qué no tú?
No me digas que empiece a escalar para ver si puedo alcanzar la cumbre que hoy te brindo. Sabes de sobra que caería al vacío y la caída sería demasiado fuerte para mí, no más torpes tropiezos, no más caídas previsibles. Tú únicamente deberás dar un paso al frente, sin mirar atrás, para alcanzar la perfección con tus manos, para encontrar la felicidad que mereces.
Que ¿qué hay de mí? No te preocupes, yo dejaré de mirar tan alto, evitaré una estúpida caída y quizá algún día de con alguien que me invite a entrar en sus sueños. Además, confío en que será feliz contigo, de lo contrario no habrá horizonte lo suficientemente lejano para ti.