Hoy Alberto no quiere salir a la calle, no tiene fuerzas para superar un nuevo día, respirar le cuesta, pensar no puede y escuchar no quiere. No sabe dónde quedó la inspiración, no encuentra motivación para seguir adelante, ni tan siquiera para seguir donde está. Siente cómo el interés por todo lo que le rodea decrece a cada segundo, no ubica su posición en su entorno, no se encuentra ni a sí mismo y ya está harto y cansado.
Pero ¿de qué? No lo sabe y eso le deja una sensación de frustración, tiene los mismos estudios de ayer, pero hoy no estudia; tiene el mismo trabajo de ayer, pero hoy no se esfuerza; tiene los mismos amigos de ayer, pero ya no los llama; tiene la misma vida de ayer, pero ya no ríe. Su voz apagada denota cansancio, su mirada perdida revela el desánimo que le deprime el alma, una sonrisa congelada nos hace cómplices de la ilusión perdida.
A todos priva de su felicidad ahora extinta, hablar con él es como una carrera de obstáculos donde debes saber evitarlos y terminar lo antes posible.
¿Dónde ir? ¿Qué hacer? ¿Luchar para qué? ¿A quién mirar? ¿Vivir…por qué? Terribles preguntas cuando no hallas respuestas, crueles dilemas que se presentan cuando eres tú el protagonista de esta historia.
Alberto no ve la luz porque la desesperación le ciega, Alberto no puede respirar porque el corazón no le deja, Alberto no puede vivir porque cree que la vida le tortura, Alberto siente cada segundo como una estocada mortal que penetra hasta dañar su razón, Alberto cree ser culpable de vivir, Alberto se siente exhausto en medio de una guerra que tiene que librar a cada momento contra su propia conciencia, Alberto tropieza porque está cegado y cae porque cree no tener apoyos, Alberto quiere encontrar una salida pero no puede buscarla…
En su peor hora, cuando ve que todo está perdido, un trágico lamento le susurra al corazón una rápida huída de esa terrible realidad, Alberto contempla la posibilidad de batirse en retirada, de arrojar la toalla, de poner fin a su tormento y lanzarse a los brazos de Hades. Un último suspiro, una última lágrima, un último adiós, unas últimas palabras que tienen por testigos y cómplices a bolígrafo y papel. Decide mirarse por última vez en el espejo para reconocer el reflejo del fracaso, de la desesperación. No sabe muy bien si es un valiente o un cobarde, tampoco sabe si hace lo correcto o está nuevamente equivocado, sólo sigue la voz de su conciencia que le dice: »hazlo».
No es una decisión, es una respuesta, no estaba planeado, sólo improvisado. En el instante previo al naufragio, suena el teléfono, al otro lado la voz de un ser querido. De pronto recuerda que no es egoísta, que siempre fue leal y que siempre prefirió la derrota a la retirada. De repente decide anular su partida para cuando le toque, no para cuando él decida, sigue sin ver la salida pero está dispuesto a seguir viviendo esta vida.
Categoría: Trabajo
Un buen tratador maltratado.
Hoy Antonio va al trabajo como un día más de su vida. Verá la mirada de arrogancia de su jefe, el despotismo del ‘’encargaillo’’ y escuchará el murmullo de ironías tosco y malsonante de sus compañeros a su paso.
Trabaja a destajo en una empresa de transportes y lucha contra el cansancio y la suerte cada día, cada minuto, cada segundo. Mientras conduce piensa en sus cosas: la velocidad, la carretera, que no le pillen con el tacógrafo amañado…pero no puede evitar pensar en su familia, esa cuyo trabajo le arrebató: piensa en esos niños que no tiene porque perdió la patria potestad, esa casa que no posee porque se la quedó su mujer, esa mujer que perdió porque encontró a otro que le hacía más compañía.
¿Por qué? Se pregunta Antonio sin acertar a responder. No encuentra explicación a su lamentable situación: ‘’ ¿Por qué lo he perdido todo? ¿De qué soy culpable? Si soy un buen padre, un marido atento y fiel, un hombre trabajador…Todo lo di sin reservas y así me lo paga la vida: mi hogar es mi camión, que ni siquiera es mío; trabajo para pagarle la casa a mi ex mujer; no puedo ver a mis hijos ni tan siquiera cuando me pertenece; le paso una paga compensatoria a mi ex y la manutención a mis hijos; a final de mes paso hambre. ¿Cuál puede ser la solución?’’.
En efecto, Antonio fue acusado de malos tratos y tuvo que soportar la humillación de ser esposado delante de sus hijos. Afortunadamente quedó libre de las rejas, pero lleva con resignación el estigma de mal-tratador, a lo cual se le suma la insidiosa etiqueta de ‘’putero’’ que bien se encargó de alimentar la que fuera su mujer.
Ahora va al destino con su camión, pero va desorientado, sin rumbo, sin saber qué hacer, sin motivación para continuar, sólo piensa en que sus hijos se hagan mayores y sepan dilucidar lo que realmente ocurrió en sus vidas, que él siempre luchó por tenerlos, que gracias a él pudieron prosperar todos ellos (incluida su mujer y el amante de ésta), que la vida le dio las espaldas pero él supo seguir adelante.
Espero haber reflejado tu historia…