Llegará la hora en que mirarás atrás en el tiempo, intentando en vano encontrar los motivos de lo que te llevará a las profundidades desde donde la verás.
Quizá le eches la culpa a la inmadurez que conllevaba tu juventud, o quizá culpes puerilmente a una venda imaginaria puesta en tus ojos. Pero lo cierto es que sólo tu ineptitud te arrojó sin remisión a los brazos de la desgracia, la desgracia de convertirte en lo que te vas a convertir.
¿No lo sabes? Pues yo te lo digo. Sucederá justo cuando mejor te veas, cuando creas haber coronado la cima del mundo. No te preocupes, nadie lo sabe aún, pero tú solito te descubrirás al tratar de recuperar a la que dejaste caer en el camino. Puede que tardes algún tiempo, mas ambos sabemos que ocurrirá.
Entonces, evocarás la gloria de los viejos tiempos y el amor que os profesasteis antaño, olvidando todo el dolor que causaste a quien todavía hoy te venera. Precisamente, ese acto ruin será lo que termine de convertirte en el ser despreciable que tú y yo sabemos que llevas dentro.
El tiempo suele ponernos a todos en nuestro sitio.