Tu ruindad te descubrirá.

Llegará la hora en que mirarás atrás en el tiempo, intentando en vano encontrar los motivos de lo que te llevará a las profundidades desde donde la verás.

Quizá le eches la culpa a la inmadurez que conllevaba tu juventud, o quizá culpes puerilmente a una venda imaginaria puesta en tus ojos. Pero lo cierto es que sólo tu ineptitud te arrojó sin remisión a los brazos de la desgracia, la desgracia de convertirte en lo que te vas a convertir.

¿No lo sabes? Pues yo te lo digo. Sucederá justo cuando mejor te veas, cuando creas haber coronado la cima del mundo. No te preocupes, nadie lo sabe aún, pero tú solito te descubrirás al tratar de recuperar a la que dejaste caer en el camino. Puede que tardes algún tiempo, mas ambos sabemos que ocurrirá.

Entonces, evocarás la gloria de los viejos tiempos y el amor que os profesasteis antaño, olvidando todo el dolor que causaste a quien todavía hoy te venera. Precisamente, ese acto ruin será lo que termine de convertirte en el ser despreciable que tú y yo sabemos que llevas dentro.

El tiempo suele ponernos a todos en nuestro sitio.

Vacío por completo.

¿Has sentido alguna vez un vacío tan profundo y tan negro que te lleva a la total desesperanza?

Con frecuencia, me he sentido agotado y exhausto de tanto luchar para ningún resultado, pero el vacío interior que vuelvo a experimentar es algo que ya no recordaba. Parecía estar tan lejos, que lo creí desterrado para siempre. Sin embargo, vuelve a estar ahí esa sensación de apatía y desánimo que tanto esfuerzo me llevó superar.

Como suele ocurrir, todo sucede en cuestión de segundos. Apenas un “no” o similares basta para destrozar tu mundo y transformar tu ánimo en desánimo, tu fuerza en debilidad.

Supongo que tendré que volver a sacar fuerzas de donde no las tengo para levantar la cabeza otra vez,  y que debo ser optimista y mostrar el sitio por donde entra un rayo de luz en la caverna, pero esto de tener los codos desgastados de tantas caídas ya empieza a aburrirme.

¿Por qué escribo?

Aunque parezca paradójico, ahora que es cuando menos publico, es cuando más escribo. Precisamente, esta entrada o post la he creado para contar una anécdota que me ocurrió hace relativamente poco.

Sucede que me preguntaron solemnemente por qué escribo. La verdad es que se me vinieron a la cabeza muchas respuestas, pero elegí la que creo más cercana a la verdad y, por tanto, más sincera. Mi respuesta fue lisa y llanamente: “porque no sé pintar y porque no sé tocar ningún instrumento”.

Ciertamente, es una especie de complejo que tengo desde pequeño. Jamás se me dio bien dibujar, aunque lo intenté; ni fui nunca muy ducho en eso de los instrumentos, aunque me esforcé. No obstante, desde siempre he tenido una necesidad imperativa de expresar mis sentimientos –y también mis pensamientos- más profundos. Supongo que, como lo único que aprendí bien fue eso de escribir, por eso le dedico gran parte de mi tiempo a ese método de expresión.

Si me dieran a elegir entre uno de esos tres artes, hoy día no sé por cuál me decantaría. Lo que sí sé es que me encantaría saber tocar la guitarra española y el piano, sobre todo la guitarra española; y que si hubiese aprendido a tocar o a pintar, no se me habría ocurrido ni por asomo esto de escribir…

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