Una montaña de arena y mierda.

Os preguntaréis por qué yo, Jesús, llevo ya un tiempo sin soltar maldiciones por esta boquita que Dios y mi madre me dieron. Debo confesaros que cada día he intentado hacer hueco para escribir algo, aunque fuese poco, sobre nuestra “realidad” socio-política, o política de socios y compadres. Sin embargo, no sabía sobre qué tema despotricar.

Reconozco que cada vez que pensaba decantarme por un tema surgía otro más increíble. Que si mi primo Ferri no paga, según dicen; que si el tal Bárcenas deja su escaño –o lo que sea que ocupe-; que si los medios de comunicación toman como cierto un bulo sobre el regreso de la serie “el príncipe de Bel Air”…; pero lo que realmente me ha convencido ha sido lo de la niña esa que quiere llevar por huevos, sí o sí, el velo “islámico”. Supongo que ya lo sabrán de sobra, pero yo no salgo de mi asombro. Una vez más volvemos a ser el pasmo de Europa, o lo volveríamos a ser por este motivo de no ser porque hemos dejado el listón muy alto. Inalcanzable. O casi.

Resulta que un colegio ha decidido que la alumna en cuestión no entre en sus aulas mientras siga empeñada –ella o sus padres, eso no lo sé muy bien- en ponerse el antedicho velo. Hasta ahí, todo normal. Pero esto es España, y todos quieren sacar tajada de todo. Por eso, la cosa se complica.

Hay opiniones para todos los gustos. Y maricón el último. Esto más que un país parece una maldita jauría de lobos. O no, mejor parece una auténtica casa de putas. Para qué se van a unir los políticos en esto si pueden sacar rédito del asunto.

El gobierno calla, la oposición da palos de ciego, la iglesia pensando que dónde están mis crucifijos, las asociaciones de padres y madres y viceversa y viceverso poniendo el grito en el cielo y más allá para ver si pueden poner su granito de arena en todo el despropósito y seguir creando una buena montaña, las feminatas rizando el rizo con la puta libertad de cada cual a ponerse lo que quiera, las autonomías diciendo que nanai de la china, que la educación es suya y nada más que suya…

Es en momentos como este cuando miro al norte y pienso: hay que ver, quién fuera pérfido gabacho y tener su unidad y cojones para poner en su sitio cada cosa. Allí el debate tardó poco en zanjarse y en dejar bien claro que a quien no le guste la costumbre de un país ya sabe…adiós muy buenas.

Más pistas para lo que viene.

Después de las miradas inquisidoras sólo quedará la eternidad, o tal vez ni eso. Tal vez sólo quepa esperar el olvido en un infame rincón, ahogándote por el polvo, la mugre y la decepción.

Dejando pistas…

Piensa que es como creer en algo desde primera hora y por ello recibir eterno agradecimiento. Recuerda que el que recibió  tu ánimo cuando desfallecía, algún día te sorprenderá.

Olvidando viejas pesadillas y viviendo anhelados sueños.

Habrá una segunda parte…

Es como algo que se gesta en tu interior. Simplemente sabes que saldrá a la luz, pero no puedes predecir ni cuándo ni cómo ni dónde, sólo desde dónde: desde lo más profundo, nacido de mí…

Deporte nacional: La envidia.

No sé cuántas veces habré intentado escribir al respecto, pero siempre descubro una nueva modalidad de envidia. O mejor dicho, un nuevo nivel. Y es por eso y por ser testigo, no víctima ni portador de ella, por lo que nunca me decido de veras a escribir algo.

Sin embargo, las ideas se me han aclarado bastante al ser yo mismo víctima de tan mezquino ¿Sentimiento? ¿Actitud? Sea lo que sea, me ha tocado sufrirlo con creces desde que comenzó el año y por fin voy a publicar algunos casos de envidia.

Y me he dado cuenta de la gran variedad de motivos que pueden despertar la envidia en el prójimo, por nimios que parezcan ser. Por ejemplo, vas al gimnasio y te pones a levantar kilos. Se pone a tu lado el típico niñato gilipollas a levantar los mismos kilos que tú, mientras te mira con aires de suficiencia, cuando no de superioridad. Entonces tú te planteas irte de allí o decirle: ‘’mira campeón, cuando tardes 9 segundos por repetición, con un movimiento estricto, date el gusto de compararte’’. Pero la cosa no se queda ahí. Hay más motivos para levantar envidias. Vas andando y los retaquitos te miran hacia arriba y les notas el odio camuflado de indiferencia en la mirada –cómprate tacones, imbécil, me entran ganas de decir-.

Pero la envidia en temas de ocio no tiene nada de malo en comparación con las de temas laborales. Ahí te encuentras de todo, auténticas carnicerías en tu espalda, que van desde el que simplemente te critica desde primera hora; hasta el que te adula por delante, mientras que por detrás dice eso de ‘’sí, pero…’’; pasando por aquél de ‘’ya os lo decía yo…’’. Da igual todo lo bien que lo hagas. Siempre hay un pero o un motivo de mofa o burla para resaltar el defecto que hace mella en el resto de cualidades que envidian de ti. Como ese amigo tuyo de toda la vida, que no sabe hablar, pero que se ríe de ti cuando tienes un lapsus linguae. O ese otro, que no soporta que escribas mejor que él y, en cuanto ve uno de tus textos, te tira en cara que si eres un sensiblero –cuando el texto en cuestión es de sentimientos, pues cuando es de otra temática también la resaltará para despreciarlo igualmente- y lo publica a todo Cristo sin que nadie le pregunte.

En fin. No voy a mencionar nada de las envidias por las posesiones. Por fortuna o por desgracia ahí no hay motivos para envidiarme. Mas no me quedo a gusto si no me río públicamente de eso que la peña denomina ‘’envidia sana’’, que consiste en envidiar con buenos sentimientos -supongo- los logros ajenos. Pero bueno, suena de puta madre, y por eso digo que tengo envidia sana de Cristiano Ronaldo. Si es que soy un pedazo de pan…

Si la envidia es mala y no puta, ¿Por qué los envidiosos son unos hijos de la gran puta?

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar