Un sol, unas nubes y yo.

Al salir del trabajo, mirando al suelo asqueado hasta de mi sombra, sin ganas de ver el mundo, sin ganas de contactar con ser humano alguno, vi enfrente de mí un atardecer como pocos he visto. Quedé quieto, observando la forma en que el sol era eclipsado por preciosas nubes de color indescriptible y forma de olas, cual mar embravecido. La casi total ausencia de viento las dejó delante de mí como esculturas expuestas para este humilde espectador. Nunca me he fijado en el atardecer después de salir del trabajo. Llevo tres años sin fijarme en el atardecer. Llevo tres años olvidando lo que me gusta ver el atardecer.

Ahora, miro atrás en el tiempo para ver lo que me queda de mí mismo. Saco en claro que no sólo he perdido esos atardeceres y ese sol, sino también personas y sentimientos. Así es, tengo todo un cementerio de personas vivas. Eso es lo que tengo, una muchedumbre que un día fue importante para mí y que hoy son simples despojos de mi ayer. En definitiva, hoy siento un vacío tan desolador que no sé ni lo que puedo llegar a sentir.

No paro de preguntarme cuál será el motivo. Probablemente sea la consecuencia de este carácter rudo e implacable, aunque benévolo, que me han ido imponiendo el tiempo y mis congéneres. Quizá sea la desconfianza que hace tiempo desoló mi alma. O quizá sea así porque tenía que ser así.

Lo único que sé es que yo habré cambiado. Pero ese sol sigue cautivándome, pese a estar escondido tras sus nubes –quizá distraído, como yo, por la belleza de las mismas-, después de tres años sin acordarme de él.

Una hojeada atrás…

Hoy tenía el día libre y me iba a leer un libro en concreto de Historia que tengo por ahí en la estantería desde hace ya mucho tiempo. Como es lógico no me lo iba a leer entero, pero sí quería haberlo empezado al menos. No obstante, no quería despertar viejos fantasmas de esa época de mi vida y en lugar de meterle mano al susodicho libro me he puesto a releer tooodo mi blog. Ya sé que es una paradoja, que es como huir de los fantasmas acostándose en una tumba del cementerio del pueblo…pero así soy yo –supongo que un gilipollas integral-.

La cuestión es que cada uno me ha traído viejos recuerdos -y no tan viejos, que todo hay que decirlo- y he decidido hacer una especie de resumen para vosotros, para que veáis cuáles son mis preferidos y lo que siento al leerlos. No los voy a enumerar por orden de preferencia ni nada. Simplemente voy a ir poniendo, según me vaya acordando, los que más me han calado después de haberlos leído todos de sopetón.

Por ejemplo, mi queridísimo primer post: Atisbo de una traición. Además de gustarme por su estética, me encanta porque me deja, aún hoy, sin palabras…escuchando lo que me dice el silencio y viendo cómo de repente en esta vida todo se derrumba (éste dio que hablar tela marinera).

Luego está el de Puta Ansiedad, que me ha vuelto a poner los vellos de punta y los huevos en la garganta. Y su texto hermano, Dominando la Ansiedad, que me ha hecho volver a agradecer a la vida haber conocido a cierta persona. Lástima que todo se fuese a la mierda y no sepa ni dónde se encuentra…así son las cosas.

También me agradó leer almas enfrentadas y resaca de dolor, sobre todo porque gracias a que el tiempo pasa -y con él el amor, el dolor-…sí que supe lo que hacer, y al fin pude escribir con sinceridad sueños del olvido, a pesar de que, como decía en allí no hay nadie, siga sin haber nadie que me acompañe a mi infierno interno, sin miedo

He visto que pese al maldito tiempo, aún sigo haciéndome las mismas preguntas peligrosas que me hacía en ¿serías capaz?, y sigo manteniendo que los ángeles no deben andar con simples mortales, como decía en este ángel no es para usted. Del mismo modo sigo pensando que el mejor antídoto para el veneno del amor es ver la cruda realidad, tal y como le aconsejaba a mi cacito en Lágrimas Dulces.

Éstos fueron los de carácter más íntimo y que más sentimientos han despertado en mí, bien por los motivos enunciados, bien por otras causas como por ejemplo haber recordado amig@s en los comentarios que dejaron.

En fin. Se aceptan críticas y proposiciones. Si a alguien le gustó alguno en particular…pues que lo diga si le apetece. Si a alguien no le gustó alguno pues que también lo diga, ¡pero que nadie espere que borre ninguno, eh!

Por cierto, el título está bien escrito.

De cómo las vergas foráneas refinan a una puta autóctona.

Esto fue lo que he saqué en claro hace un par de días tras una breve discusión con una vieja conocida.

Se trata de una pava de mi edad y de mi pueblo, de esas de ‘’ofú shiquillo que mala follá tiene, digo er tío lo que ma` disho’’, -precisamente eso era lo que solía exclamar antaño- la cual ha vuelto de UK tras una temporada de Erasmus para finalizar su carrera y ampliar su inglés…o para abrir sus ingles, tanto monta…

La cuestión es que andaba yo liado con unos clientes muslimes, los cuales no entendían muy bien ni el castellano ni el inglés. Tan sólo un poco de francés (yo ni zorra idea) y árabe. Y allí estaba yo, entendiéndome a duras penas con mis moros mediante gestos y chapurreando francés (ambas partes) y castellano (ellos, pues yo lo domino bastante), cuando emergió de la nada mi malintencionada comadre espetando, sin previo saludo, un ‘’ojú, ¿por qué no aprendes inglés? Todo el mundo sabe hablar inglés ‘’.

Imagínense la escena: un tipo de metro noventa y casi ciento veinte kilos, haciendo indicaciones apresuradas a tres árabes de entre metro ochenta y metro ochenta y cinco, de unos cuarenta y tantos años o más, mirando al de metro noventa con cara de pasmados, con la tensión en el ambiente, sin entender ni papa de lo que aquél les intenta decir, y al lado una tipa de metro sesenta y poco, de gilipollez supina, soltando semejante mierda por esa boquita de putita reconvertida en lady putita.

Inmediatamente pensé ¿Se le habrá olvidado saludar en castellano? Pero luego, con la mirada de asco clavada en esa insolente, seguí debatiendo para mis adentros ¿Qué carajo le importa a ella cómo yo le hable a los demás? ¿Qué coño sabrá ella si yo ya he intentado hablarles en inglés? ¿Qué cojones sabrá si yo hablo bien o mal o regular el inglés? ¿Por qué no se habrá atragantado con la lefa de las pollas británicas?

En definitiva, cuando un piojo revivido sale del terruño que lo vio nacer -más en este país de ignorantes y catetos-, y regresa…suele pasar que los delirios de grandeza nos llevan al esperpento más calamitoso.

Por cierto…fucking bitch, suck my dick…the next time, shut up, please! –al final hasta voy a rimar en inglés-

Los viejos de mi pueblo…

Escribiendo el anterior post me he acordado de otra ‘’anécdota’’, también en el médico. Esta vez en la sala de espera.

Estábamos allí esperando como pacientes que éramos, o mejor dicho…como auténticos cabrones. Yo estaba sentado y solito. Era el único menor de 50 años, y de 60…y creo que hasta de 70…

No acostumbro a escuchar las conversaciones ajenas, pero cuando se está en un sitio donde se ruega silencio y por contra hay una panda de viejales gritando hasta con jolgorio, pues qué queréis que os diga…a uno algo se le mete en el oído.

En este caso se pusieron a rajar de lo lindo contra ‘’los vagos y maleantes jóvenes de hoy en día’’. Que si el hijo de tal es un quinqui, que si el otro está todo el día de borrachera, que si el otro sigue con los padres y sin trabajar, que si la otra se ha follado a medio barrio…hasta ahí simples cotilleos, la traca para mis oídos fueron las generalizaciones posteriores.

En efecto, uno de ellos se erigió en defensor de las virtudes de su generación y detractor a ultranza de los desagradecidos y desgraciados jóvenes de ahora. Para ello, el auto proclamado rey de esos morituri –espero que pronto, porque vaya hijos de puta los ancianetes- soltó un intenso y extenso monólogo mientras el resto asentía con la cabeza o incluso completaba con comentarios el discurso de aquél. Todo esto mientras yo mismo era objeto de innumerables e incómodas miradas provenientes de aquélla pléyade senil.

No dije nada por varios motivos, el primero es porque nadie me dio vela en aquel entierro y hablar sin que te den la palabra es de mala educación. El segundo es porque bastante enfadado estaba ya con la tardanza del matasanos. El tercero era el frío que me calaba en los huesos. El cuarto era que no quería provocar ninguna urgencia cardiaca a nadie. Y el quinto, bueno, pues que no me salió de los cojones.

Sin embargo, no paraba de pensar en unas cosas. Entre ellas pensaba que tenían razón en todo lo que decían, mas no eran justas tan letales generalizaciones y tampoco es justo ni lógico que se crean mejores que mi generación. A fin de cuentas, seguramente ni uno de ellos cotizó a la seguridad social ni la mitad de años que llevan chupando de ella; ni ellos les hacían los descuentos a sus viejos como sí se los hacemos nosotros a ellos; ni fueron tan valientes ni valerosos cuando no se quitaron del medio al caudillo del que también se quejaban allí; ni fueron tan buenos ejemplos a seguir cuando al parecer nadie les ha imitado…o a lo mejor es que no fueron buenos maestros… ¡oh! ¡qué torpe soy, no es que ellos fuesen malos maestros, es que nosotros somos malos alumnos!

En fin, sepan ustedes que este post sólo va dedicado a los septuagenarios u octogenarios que compartan los puntos de vista tan radicales y desagradecidos como los que yo tuve que tragar durante laaargo rato. El resto de abuelos suelen ser para mí auténticos héroes.

Conversación con un médico.

Bueno, más que conversación tendría que decir…corte a un médico.

Fue ayer por la mañana cuando hacía un frío de tres pares de narices. Me ha salido sin querer, pero me ha salido por obvio y por mi injusta aversión (lo tengo que reconocer) hacia los matasanos.

La cuestión es que salí de casa con prisas, -puntualizo que salí sin fijarme en la temperatura exterior- con una simple camiseta de mangas cortas y encima una sudadera bastante fina, más de entretiempo que de invierno.

Al llegar a la consulta no podía disimular la tiritera –no os cuento cómo se me pusieron los huevos-. Fue entonces cuando, al quitarme la sudadera, el buen Señor Don Doctor exclamó con desprecio ‘’con el tiempo que hace no sé cómo no tienes frío« a lo cual yo contesté malhumorado ‘’con la temperatura que tenemos no sé por qué piensa que no tengo frío, ¿no creerá que la tiritera que traigo es Parkinson?’’

En fin, ahora tendré que fiarme del diagnóstico de un tipo que se cree que soy una especie de superman borde.

Nunca llueve a gusto de todos.

Es curioso, el otro día hablaba yo con una amiga mía acerca de lo mucho que cambian las cosas en esta vida, de cómo giran las tornas, de cómo da vueltas el mundo…

Es así, en estos días de lluvias pienso que de pequeño rezaba a Dios para que ‘’lloviese a partir de las 00.00 a.m. ‘’ porque antes de esa hora estaría en la calle (por lo general hasta las 22.00 p.m.) y no quería perderme mi poco tiempo de esparcimiento futbolístico. Además, pensaba, a esa hora se fastidiarían pocos. Por desgracia, tenía que asumir con resignación la sordera de Dios. Hoy me cago en la puta que cagó a ese mismo Dios cuando empieza a llover a partir de las 00.00 a.m., que es cuando salgo de trabajar y me toca andar dos kilómetros y medio bajo la lluvia. Es entonces cuando me gustaría meterle el paraguas por el ano al subnormal que cantaba eso de I’m singing in the rain.

Y es que de buenas a primeras echas la mirada atrás y observas con estupor cambios drásticos en la forma de ser, de pensar, de actuar de casi todos los que te rodean o te rodearon. Ves cómo antiguos colegas, que antes vestían chándal -caros, eso sí-, ahora van con traje y corbata hasta para comprar el pan desde que su papi lo enchufó en el negocio de alguien que le debía algún favor.

Luego ves cómo han crecido aquellos otros pequeños cabroncetes que andaban todo el día en peleas y sin hacer los deberes por vagos y ahora se ganan el pan levantándose a las 6 de la mañana llevando su furgón al mercadillo para ganarse la vida como héroes. Aunque no todos, otros simplemente van por ahí como zombis y otros lograron hacer los deberes y al menos consiguieron la ESO y…en eso están…

El resto se echó a albañil cervecero fuma petardos y ahora se intentan reconvertir en policías o guardias civiles o cualquier cosa que les lleve a mamar de la teta del Estado sin ningún tipo de vocación…ni preparación (aparte de correr como gacelas).

Bueno, hasta aquí –no quiero extenderme más- lo que respecta a los colegas. Otro día me entretendré en pensar lo que han cambiado las colegas…

Que ¿qué hay de mí? Yo sigo pensando que a Dios le gusta joderme y que nunca llueve a gusto de todos.

Sacando pecho…

He leído los comentarios de mi anterior post, he escuchado a mis amig@s y lo más sorprendente, he tenido el placer de leer algún que otro email de lectores cuya existencia desconocía hasta que me han pedido que reconsidere mi retirada.

A todos: gracias.

Dicho esto, os anuncio que voy a retomar el blog. Sin embargo voy a volver no escribiendo cómo y cuándo antes, sino con entradas escritas casi tal cual hablo. Lógicamente también publicaré entradas del carácter intimista que tenían las anteriores.

Ya os prevengo y os digo que soy un tipo bastante peculiar. Odio las incorrecciones y los malos modos pero soy lo más políticamente incorrecto que conozco, por ello la mayor parte de mis posts nuevos serán como disertaciones de un viejo cascarrabias quemado que se queja hasta del aire que respira. El vocabulario que voy a emplear será tan llano como el suelo que piso pero insertando palabros que a veces darán de mí la imagen de un pedante relamido…no obstante, hay riesgos que se deben correr.

Hay cosas que se deben decir…

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