Propongo un brindis. Yo brindaré con agua, si me lo permitís.
Brindaré por los que se fueron de mi lado, por los que eché del mismo, por los que no llegaron a estar, por los que no estarán y por los que están y seguirán ahí.
Hoy no brindaré por los amigos que se desvanecieron entre la neblina del tiempo, esos que aún recuerdo con gratitud pero cuyo camino se bifurcó del mío. Ni por los que conservo.
Mejor brindaré por los amigos que se convirtieron en enemigos y por mis enemigos que siguen siéndolo. Espero que nunca me falten, pues prefiero que desaparezcan mis fieles antes que mis detractores. Sin éstos no me entendería.
Brindaré por todas y cada una de las zancadillas que me han hecho –aunque maldigo las que me queda por sufrir- levantarme del suelo. Se agradecen las cicatrices que dejan –no sólo en manos y rodillas- algún@s malnacid@s por su envidia, avaricia, traición, celos, malicia, estulticia, incompetencia, injusticia…
Brindaré por las putas que se cruzaron en mi vida y cuyas acciones –putadas, para los que no lo sepan- estuvieron a punto de destrozármela. A ellas les debo la eficacia de mis cojones. También brindo por las que recuerdo con afecto. Aunque a éstas no les debo nada.
Déjenme brindar por aquéllos docentes ganapanes cuya incompetencia me hizo ver lo anecdótico y defectuoso del sistema. Hoy no brindaré por los que despertaron en mí el ansia del conocimiento gracias a su vocación.
Otro día brindaré por los que sacan el lado más dulce y afable de mí. Hoy no tengo ganas.
A ustedes sólo os pido que brindéis por este hijo de puta que os habla por escrito – con lo que tengáis más a mano que se pueda beber-.