Nunca llueve a gusto de todos.

Es curioso, el otro día hablaba yo con una amiga mía acerca de lo mucho que cambian las cosas en esta vida, de cómo giran las tornas, de cómo da vueltas el mundo…

Es así, en estos días de lluvias pienso que de pequeño rezaba a Dios para que ‘’lloviese a partir de las 00.00 a.m. ‘’ porque antes de esa hora estaría en la calle (por lo general hasta las 22.00 p.m.) y no quería perderme mi poco tiempo de esparcimiento futbolístico. Además, pensaba, a esa hora se fastidiarían pocos. Por desgracia, tenía que asumir con resignación la sordera de Dios. Hoy me cago en la puta que cagó a ese mismo Dios cuando empieza a llover a partir de las 00.00 a.m., que es cuando salgo de trabajar y me toca andar dos kilómetros y medio bajo la lluvia. Es entonces cuando me gustaría meterle el paraguas por el ano al subnormal que cantaba eso de I’m singing in the rain.

Y es que de buenas a primeras echas la mirada atrás y observas con estupor cambios drásticos en la forma de ser, de pensar, de actuar de casi todos los que te rodean o te rodearon. Ves cómo antiguos colegas, que antes vestían chándal -caros, eso sí-, ahora van con traje y corbata hasta para comprar el pan desde que su papi lo enchufó en el negocio de alguien que le debía algún favor.

Luego ves cómo han crecido aquellos otros pequeños cabroncetes que andaban todo el día en peleas y sin hacer los deberes por vagos y ahora se ganan el pan levantándose a las 6 de la mañana llevando su furgón al mercadillo para ganarse la vida como héroes. Aunque no todos, otros simplemente van por ahí como zombis y otros lograron hacer los deberes y al menos consiguieron la ESO y…en eso están…

El resto se echó a albañil cervecero fuma petardos y ahora se intentan reconvertir en policías o guardias civiles o cualquier cosa que les lleve a mamar de la teta del Estado sin ningún tipo de vocación…ni preparación (aparte de correr como gacelas).

Bueno, hasta aquí –no quiero extenderme más- lo que respecta a los colegas. Otro día me entretendré en pensar lo que han cambiado las colegas…

Que ¿qué hay de mí? Yo sigo pensando que a Dios le gusta joderme y que nunca llueve a gusto de todos.

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