Lágrimas dulces.

Anoche el destino me ofreció en copa de oro la ambrosía de la cual se alimenta mi inspiración. Así es, me agasajó con abundantes lágrimas. No eran saladas, pues no salían de unos ojos, sino de un marchito corazón. Eran dulces porque no las provocaba un dolor añejo, nacían de la esperanza de un ser iluso.

Súbitos recuerdos aparecen en su mente. Dolida al ver lo que pudo ser y no fue, atormentada al pensar que sólo fue una tormentosa ilusión fruto de su imaginación. Decepcionada, pues no logra entender por qué no vio un indicio del papel estelar de aquél que en sueños le visita.

Intentó hacerse la dura,

mas bien sé yo que lloró a oscuras.

Gajes de esta vida puta,

que por ver el árbol,

del bosque no disfruta.

Actitud que mal futuro augura

matándole con dolorosa tortura.

Escuchando su lamento,

yo le explico y le comento:

que la angustia del momento

no es un mal eterno;

que no ahogue su mal

aferrándose a esa botella,

pues hay mejor opción

para curar tan vil traición.

No te preocupes por aquello del ayer y mantén viva tu esperanza en el mañana, aunque debes saber que el amor es una droga dura que nos ciega y envenena. Así pues, el mejor antídoto contra el amor es ver la cruda realidad. Por ello te dedico mis letras, para que aprendas a mostrar insipidez en situaciones límite, para que hagas de tu caída tu lección, para que no escuches más los cantos de sirena y, sobre todo, para que tu corazón no vuelva a derramar dulces lágrimas.

‘’No creas ni en dioses ni en genios. Los primeros los crea nuestra mente, los segundos suelen desaparecer una vez han satisfecho deseos…los suyos’’

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