Desde tu lado de la mentira…

Míralo. Tan grande y desvalido, tan soberbio y humilde, tan audaz y estúpido. Sabes que es tuyo, porque, lo sabes ¿verdad? Dale su ración de castigo y ódialo como a ti misma. Porque, te odias ¿verdad? ¿Cómo, si no, destrozas aquello de valor que hay en tu miserable vida? Quizá sea porque sientes la misma excitación que un coleccionista caprichoso al romper su jarrón Ming. Ver resquebrajarse súbitamente lo que antaño fue pieza única en el mundo, poder sentir el poder de tus designios con la destrucción, aniquilando el ser y la esencia de lo que posees.

A ese incauto no le importaría matarse recorriendo las curvas de tu cuerpo. Sólo por recorrer el trazado sinuoso de tu cintura le robaría al sol la aurora boreal. Por adentrarse en el túnel de la perversión…estaría dispuesto a firmar con el mismísimo diablo su perdición. Por ello, mientras puedas, sigue inventando placeres inalcanzables para someter a tu esclavo.

No dejes de mirarle, cada vez desde más y más alto. Tanto que llegará a ser insignificante cual lejana estrella, tanto que la distancia será tal que incluso olvidarás lo que un día fue. Sin embargo, esa misma distancia en el espacio y tiempo puede ser la misma que le aleje de tu abismo.

Ahora, vuelve tu mirada al espejo que ignoras, mírate por un instante y tiembla…estás delante de un monstruo y ojalá encuentres a tu príncipe azul…

Los tipos duros también se acobardan ante estos monstruos.

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