Y aquí estoy yo esta noche, sin poder reconciliarme con mi propia alma, sin poder perdonarme la temeridad de existir, intentando en vano apaciguar mi conciencia, intentando abrazarme al silencio que se me escapa.
Por favor, no me robéis el silencio. Es lo único que deseo ahora, escuchar su sabiduría y encontrar su consuelo. ¡Oh Dios! ¿No me podéis hacer tan nimio regalo? ¿Es que deseáis verme moribundo entre sombras?
¡Por Dios, que alguien mate a ese niño que tanto llora! ¡Que alguien ahogue a ese bastardo que ronca sin cesar! ¡Que violen y desuellen a esa zorra que tanto echa de menos su puta uña! ¿Por qué no explota esa maldita máquina de ruido infernal que se me mete en el sentido?
No sé, quizá deba explotar yo. Yo que anhelo el amparo que ese bebé encontrará en los senos de su madre. Yo que envidio cómo duerme plácidamente ese tipo, carente de preocupaciones. Yo que no encuentro soluciones a problemas pueriles como esa que quizá encuentre su uña postiza en el culo de su amante. Yo que ni siquiera puedo oír el silencio…
Quizá deba empezar por callarme…