Aún sigues empeñándote en poner fechas a los sentimientos. Por mi parte te diré que no se puede planificar su creación por más que tú lo creas. Aunque algo sí que es cierto, la fecha de caducidad siempre se encuentra cuando alguien resulta envenenado.
¿Cómo puedes decir que ahora es la hora? No, no es la hora. Al igual que yo llegué demasiado pronto, hoy eres tú quien llega demasiado tarde. Recuerda que ya fui un juguete en pueriles manos que me resquebrajaron. No pienses que quizá en mi debilidad esté dispuesto a ser usado de nuevo para distraerte de tus males.
Mejor será que conserves algo de dignidad y vuelvas allá de donde vienes. Si sus brazos ya no son suficiente lo siento por ti, yo sólo puedo darte mi hombro para que te apoyes y mi pecho para que oigas lo que mi corazón aún puede decir: ‘’yo no te conozco’’.
Las circunstancias, cuando cambian, lo hacen para todos.