Versos en la arena.

Un día escribí versos en la arena para ti mientras el sol ardía enfurecido. El agua del mar, dominada por la envidia, quiso borrarlos pero no se atrevió. El viento acudió veloz a leerlos, pues no quería perderse tal muestra de dolor. La fría luna pensó que se los había dedicado el sol, mas la letra no era de él.

Entonces llegaron las nubes con pompa y boato, llenas de majestuosidad. Quedaron paralizadas por lo atónito de la situación, y es que allí estabas tú, pasando por encima de mis versos borrándolos con tu paso. Sin remedio alguno, se echaron a llorar y sellaron con sus lágrimas tales palabras de socorro que nadie llegó a ver.

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