Y tú, ¿eres una araña?

Este texto va dedicado a la inmensa mayoría de las personas hipócritas, falsas e interesadas que nos rodean.

Astuta araña, hoy te dedico estas letras para hacerte saber que, a pesar del pánico y repugnancia que tu presencia despierta en mi ánima, te admiro sinceramente.
Algún día entenderé tu capacidad de resistencia, tu inteligencia y tu meticulosidad a la hora de tejer esa tela que tan buenos resultados te da. ¿Cómo una tela tan fina es capaz de atrapar presas tan esquivas? Por favor, dime cuál es el secreto de tu constancia y eficacia.
Después, si lo deseas, revela a este humilde servidor de qué manera consigues mantenerte tan fría y calculadora como para no dudar ni un instante en embutir a tu víctima en esa maraña de desesperación.
¿Acaso es tu apariencia desvalida la que te confiere tales poderes? ¿Quizá se trate de tu sigilo? No, probablemente se trate simplemente de las ventajas de tu naturaleza arácnida.
Ahora comprendo, no es ni pánico ni repugnancia lo que siento por ti, es… ¿envidia?
Tal vez sea más execrable envidiar a una pérfida araña que serlo, pero, ¿qué puedo hacer yo contra tus letales armas? Por más que he tratado de esquivarte siempre consigues acorralarme hasta que quedo exhausto y moribundo, entonces te das media vuelta y consigo zafarme, mas ahora siento que no tengo fuerzas para huir.
Sólo me queda la esperanza de que algún día te cruces con una mayor que tú, juegue contigo, te acorrale, te oiga lamentar y suplicar, te envuelva es sus redes y finalmente, al menos antes de morir, pidas perdón y te arrepientas de haber colocado tantas trampas en el camino de los demás.

Princesa rana maldita.

Este texto va dedicado a todas aquellas personas que cambiaron su forma de ser por una falsa esperanza.

Encantada princesa, mira por un momento el reflejo de tu alma en las nítidas aguas que te presento. Sal por un instante del lodo en el que te encuentras y dime:
¿Cómo no te diste cuenta? ¿Qué te llevo a cometer tan grave error?
Ciegamente besaste aquella apática rana surgida de lo más sucio de ese charco. Creíste en los cuentos de hadas y te lanzaste al vacío sin ver que el destino a veces nos gasta terribles bromas. Suplicaste por su amor y nada ni nadie te importó. Tan solo miraste fijamente a ese anodino y hasta despreciable ser, lo acogiste en tu seno y quisiste que todo cambiara para vivir y morir juntos.
Reconócelo, no era esto lo que pretendías: pudiendo resguardarte en la confortable seguridad de tu palacio, ¿por qué vivir en un cenagoso charco, a expensas de fatales peligros?
Ahora, observa tu brutal aspecto reflejado en estas aguas cristalinas que te traigo y recuerda tan nefasta metamorfosis que te convirtió en algo irracional. Sí, esa pequeña rana es en lo que te has transformado. Conservas aún tu gracia, incluso dejas entrever cierta belleza. Pero no te engañes, no eres bella.
¿De veras creíste que tu amor le cambiaría? Pobre ilusa atormentada por vanas esperanzas alimentadas de fútiles recuerdos de un pasado que jamás existió y te empeñas en creer.
Pese a ver tu desdicha, te niegas a culparle. Es eso lo que te hace un ser tan aborrecible como él, es eso lo que te hace conservar el infame aspecto que adquiriste al brindarle tu amor, es esa la causa por la cual te viste destronada y despojada de todo, incluso de tu ahora extinta humanidad.
Sabes qué es lo peor de todo, que pese a mis esfuerzos no entenderás nada de lo que te digo, y aunque llegases a entenderlo…¿Cómo ibas a ver tu alma reflejada en el agua, si una miserable rana carece de alma.?

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