No quiero caer.

Hoy el destino se bifurca en dos sendas que me separan de mis sueños para ayudar a dos almas a encontrarse.

No es filantropía, no es amistad, no es amor, mejor llámalo egoísmo, pereza y temor. Estoy cansado de mirar demasiado alto a la cima de esta montaña que jamás podré coronar. La vida me ha puesto demasiado lejos y me ha dado demasiadas limitaciones como para tener el descaro de plantearme tal reto.

Bien sé yo que lo que un día llamé cobardía no era más que cordura. Si sabemos que yo nunca podría conseguir estar en sus sueños, que yo nunca podré caminar cogido de su brazo, ¿por qué no tú?

No me digas que empiece a escalar para ver si puedo alcanzar la cumbre que hoy te brindo. Sabes de sobra que caería al vacío y la caída sería demasiado fuerte para mí, no más torpes tropiezos, no más caídas previsibles. Tú únicamente deberás dar un paso al frente, sin mirar atrás, para alcanzar la perfección con tus manos, para encontrar la felicidad que mereces.

Que ¿qué hay de mí? No te preocupes, yo dejaré de mirar tan alto, evitaré una estúpida caída y quizá algún día de con alguien que me invite a entrar en sus sueños. Además, confío en que será feliz contigo, de lo contrario no habrá horizonte lo suficientemente lejano para ti.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar