Este texto va dedicado a la inmensa mayoría de las personas hipócritas, falsas e interesadas que nos rodean.
Astuta araña, hoy te dedico estas letras para hacerte saber que, a pesar del pánico y repugnancia que tu presencia despierta en mi ánima, te admiro sinceramente.
Algún día entenderé tu capacidad de resistencia, tu inteligencia y tu meticulosidad a la hora de tejer esa tela que tan buenos resultados te da. ¿Cómo una tela tan fina es capaz de atrapar presas tan esquivas? Por favor, dime cuál es el secreto de tu constancia y eficacia.
Después, si lo deseas, revela a este humilde servidor de qué manera consigues mantenerte tan fría y calculadora como para no dudar ni un instante en embutir a tu víctima en esa maraña de desesperación.
¿Acaso es tu apariencia desvalida la que te confiere tales poderes? ¿Quizá se trate de tu sigilo? No, probablemente se trate simplemente de las ventajas de tu naturaleza arácnida.
Ahora comprendo, no es ni pánico ni repugnancia lo que siento por ti, es… ¿envidia?
Tal vez sea más execrable envidiar a una pérfida araña que serlo, pero, ¿qué puedo hacer yo contra tus letales armas? Por más que he tratado de esquivarte siempre consigues acorralarme hasta que quedo exhausto y moribundo, entonces te das media vuelta y consigo zafarme, mas ahora siento que no tengo fuerzas para huir.
Sólo me queda la esperanza de que algún día te cruces con una mayor que tú, juegue contigo, te acorrale, te oiga lamentar y suplicar, te envuelva es sus redes y finalmente, al menos antes de morir, pidas perdón y te arrepientas de haber colocado tantas trampas en el camino de los demás.
