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Y todo se derrumba…
Te sientes bien al ver los frutos de tu duro trabajo, la recompensa a tu inconmensurable sacrificio. Estás rodeado de aquéllos por quienes tanto has dado y te crees admirado por todos. Tienes alguien a quien amar y por quien ser amado. Crees haber llegado a tu cénit tras haber cruzado la meta antaño fijada y te regocijas por ello.
Pero no, la vida te depara grandes sorpresas y duras estocadas de las cuales brota sangre a raudales que, coagulada, se transforma en ríos de negro rencor. Rencor incorregible que se agria al rememorar el estrepitoso derrumbe del feliz mundo que una vez habitaste. Es entonces cuando te das cuenta que eres incapaz de recordar sin dolor, y es en ese momento donde descubres el odio que te carcome y del cual nace tu misantropía.
Por ello…
Donde veías dulces damas,
hoy ves putas por doquier.
Donde fieles amigos,
hoy pajes de alquiler.
Tan sólo hay que mirar hacia otro lado.
Lágrimas dulces.
Anoche el destino me ofreció en copa de oro la ambrosía de la cual se alimenta mi inspiración. Así es, me agasajó con abundantes lágrimas. No eran saladas, pues no salían de unos ojos, sino de un marchito corazón. Eran dulces porque no las provocaba un dolor añejo, nacían de la esperanza de un ser iluso.
Súbitos recuerdos aparecen en su mente. Dolida al ver lo que pudo ser y no fue, atormentada al pensar que sólo fue una tormentosa ilusión fruto de su imaginación. Decepcionada, pues no logra entender por qué no vio un indicio del papel estelar de aquél que en sueños le visita.
Intentó hacerse la dura,
mas bien sé yo que lloró a oscuras.
Gajes de esta vida puta,
que por ver el árbol,
del bosque no disfruta.
Actitud que mal futuro augura
matándole con dolorosa tortura.
Escuchando su lamento,
yo le explico y le comento:
que la angustia del momento
no es un mal eterno;
que no ahogue su mal
aferrándose a esa botella,
pues hay mejor opción
para curar tan vil traición.
No te preocupes por aquello del ayer y mantén viva tu esperanza en el mañana, aunque debes saber que el amor es una droga dura que nos ciega y envenena. Así pues, el mejor antídoto contra el amor es ver la cruda realidad. Por ello te dedico mis letras, para que aprendas a mostrar insipidez en situaciones límite, para que hagas de tu caída tu lección, para que no escuches más los cantos de sirena y, sobre todo, para que tu corazón no vuelva a derramar dulces lágrimas.
‘’No creas ni en dioses ni en genios. Los primeros los crea nuestra mente, los segundos suelen desaparecer una vez han satisfecho deseos…los suyos’’
Desde tu lado de la mentira…
Míralo. Tan grande y desvalido, tan soberbio y humilde, tan audaz y estúpido. Sabes que es tuyo, porque, lo sabes ¿verdad? Dale su ración de castigo y ódialo como a ti misma. Porque, te odias ¿verdad? ¿Cómo, si no, destrozas aquello de valor que hay en tu miserable vida? Quizá sea porque sientes la misma excitación que un coleccionista caprichoso al romper su jarrón Ming. Ver resquebrajarse súbitamente lo que antaño fue pieza única en el mundo, poder sentir el poder de tus designios con la destrucción, aniquilando el ser y la esencia de lo que posees.
A ese incauto no le importaría matarse recorriendo las curvas de tu cuerpo. Sólo por recorrer el trazado sinuoso de tu cintura le robaría al sol la aurora boreal. Por adentrarse en el túnel de la perversión…estaría dispuesto a firmar con el mismísimo diablo su perdición. Por ello, mientras puedas, sigue inventando placeres inalcanzables para someter a tu esclavo.
No dejes de mirarle, cada vez desde más y más alto. Tanto que llegará a ser insignificante cual lejana estrella, tanto que la distancia será tal que incluso olvidarás lo que un día fue. Sin embargo, esa misma distancia en el espacio y tiempo puede ser la misma que le aleje de tu abismo.
Ahora, vuelve tu mirada al espejo que ignoras, mírate por un instante y tiembla…estás delante de un monstruo y ojalá encuentres a tu príncipe azul…
Los tipos duros también se acobardan ante estos monstruos.
Este ángel no es para usted.
Es un pecado no saber apreciar todo aquello cuanto nos ha sido otorgado, más aún cuando nos sabemos no merecedores de tales dádivas. Quizá por ello, quienes nos otorgan dichos presentes inmerecidos, comparten con nosotros la pena y quizá ello nos exculpa en parte.
El destino castiga con fulgurante inmediatez a los generosos incautos dándoles como inmerecido premio la traición, la decepción y el fraude. No obstante, a los desagradecidos, el paso inexorable hacia el futuro les hace ver la falta que les hace aquello de lo cual se desprendieron o simplemente no aceptaron un día.
Ahora dime, pusilánime ser despojado de todo raciocinio, por qué mostraste interés en conseguir el mapa que te guiaría hasta su corazón, por qué no supiste guardar tan preciado tesoro que llegaste a tener entre las manos, cómo has dejado escapar el único ángel que pasó por tu vida. Mejor no hables, al menos has sido suave en las formas. Y yo no soy quién para pedir explicaciones, aunque el hecho de que mi palabra fuera garante de tu valía es ahora lo que más daña.
Lo peor de todo es que sin saberlo (yo tampoco lo sabía hasta después de lo sucedido) has obrado con justicia…pues era demasiado para ti.
Al fin y al cabo los ángeles no deben andar con simples mortales.
Y tú, ¿eres una araña?
Este texto va dedicado a la inmensa mayoría de las personas hipócritas, falsas e interesadas que nos rodean.
Astuta araña, hoy te dedico estas letras para hacerte saber que, a pesar del pánico y repugnancia que tu presencia despierta en mi ánima, te admiro sinceramente.
Algún día entenderé tu capacidad de resistencia, tu inteligencia y tu meticulosidad a la hora de tejer esa tela que tan buenos resultados te da. ¿Cómo una tela tan fina es capaz de atrapar presas tan esquivas? Por favor, dime cuál es el secreto de tu constancia y eficacia.
Después, si lo deseas, revela a este humilde servidor de qué manera consigues mantenerte tan fría y calculadora como para no dudar ni un instante en embutir a tu víctima en esa maraña de desesperación.
¿Acaso es tu apariencia desvalida la que te confiere tales poderes? ¿Quizá se trate de tu sigilo? No, probablemente se trate simplemente de las ventajas de tu naturaleza arácnida.
Ahora comprendo, no es ni pánico ni repugnancia lo que siento por ti, es… ¿envidia?
Tal vez sea más execrable envidiar a una pérfida araña que serlo, pero, ¿qué puedo hacer yo contra tus letales armas? Por más que he tratado de esquivarte siempre consigues acorralarme hasta que quedo exhausto y moribundo, entonces te das media vuelta y consigo zafarme, mas ahora siento que no tengo fuerzas para huir.
Sólo me queda la esperanza de que algún día te cruces con una mayor que tú, juegue contigo, te acorrale, te oiga lamentar y suplicar, te envuelva es sus redes y finalmente, al menos antes de morir, pidas perdón y te arrepientas de haber colocado tantas trampas en el camino de los demás.
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