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Para que seas mi luz…

Bien sabes tú que si me faltan tus palabras…me falta el sueño; que si no sueño,  no te tengo; y que si no te tengo…tendré que apagar el sol para que seas mi luz

Para mi cacito…

Me gustaría decirte que

anduve vagando perdido en mi interior encontrando tan sólo una fría y desesperanzada incredulidad que me llenaba de un obscuro vacío. Y es que el sol me dio la espalda dejando de iluminarme y abocándome a un frío glacial que pareció congelar mis confusos sentimientos. Así fue como dejé de desear algo más allá de un gratificante olvido y una impertérrita indiferencia, pues sólo esto podía conducirme a mi ansiado paraíso de soledad.

Sin embargo, de la nada apareciste tú. Sin previo aviso abriste mi puerta y me mostraste tu delicada gracia, invitándome a disfrutar de tu presencia en la distancia.

Aún sigo sin saber ni cómo ni por qué, pero cada día, al levantarme, siento mi mente llena de ti. En sueños te tengo y te siento; pongo voz a tus palabras y sonido a tu risa. Tanto allí como aquí me quedo embelesado mirándote sonreír, viendo cada paso que das y analizando cada gesto espontáneo de tu cuerpo.

Aunque no lo sepas o no lo quieras creer, cuento cada minuto de sosiego y felicidad que me brindas con tus palabras y castigo al reloj con la mirada cada segundo que paso esperándote

Tan sólo quiero…

Pensarte, y soñarte, y mirarte, y tocarte, y sentirte, y conmoverte cual delicado y fugaz soplo de  aire gélido, que envuelve un cuerpo desnudo en el sereno de una fría noche de invierno, para estremecerte de tal forma que sólo entre mis brazos llegues a encontrar cobijo y calor…

Acompáñame a mi infierno interno.

Ven, cógeme del brazo y acompáñame a lo más profundo de mi infierno interno.

No te prometo una salida indemne, ni tan siquiera te puedo asegurar una escapatoria. Sólo sé que allí encontraremos un tétrico lugar donde el frío más áspero combate con unas llamas que no dan luz a sus moradores, navegantes en la obscuridad.

Se trata de un mundo habitado por viejos fantasmas que me atormentan desde tiempos remotos. Unos nos esquivarán, pues ya conocen a éste su amo y saben de su inclemencia para con ellos desde que fueron sometidos por el temple de la razón y la fuerza del corazón. Otros, vagarán sin rumbo definido mirando al suelo sin percatarse de nuestra presencia, intentando rememorar una felicidad que quizá nunca existió y cuya prometida existencia los enloquece aún más a cada paso que dan. No obstante, recuerda, a nuestras espaldas, siempre a nuestras espaldas, acechan furtivamente aquéllos capaces de encerrarme en las mazmorras del averno para toda la eternidad. Son aquéllos que huyen de dolores añejos para perseguirme y torturarme a mí, los que reniegan de la perfidia ajena y me traicionan a mí, los que rememoran a cada instante cada segundo pasado abocándome al olvido de mí mismo…

Si tan funestos entes llegasen a adueñarse de mi ánima, solo tú podrías enfrentarte a ellos ya que eres la luz que falta en mi infierno interno y harías languidecer hasta al más cruel de los seres inanimados de los que podría ser cautivo.

Tal vez sea tu luz la única que podría liberarme o tal vez sea ella precisamente la que me condena a vivir en un infierno pues, ¿qué es quererte y no tenerte, si no es vivir en un infierno?

Y todo se derrumba…

Te sientes bien al ver los frutos de tu duro trabajo, la recompensa a tu inconmensurable sacrificio. Estás rodeado de aquéllos por quienes tanto has dado y te crees admirado por todos. Tienes alguien a quien amar y por quien ser amado. Crees haber llegado a tu cénit tras haber cruzado la meta antaño fijada y te regocijas por ello.

Pero no, la vida te depara grandes sorpresas y duras estocadas de las cuales brota sangre a raudales que, coagulada, se transforma en ríos de negro rencor. Rencor incorregible que se agria al rememorar el estrepitoso derrumbe del feliz mundo que una vez habitaste. Es entonces cuando te das cuenta que eres incapaz de recordar sin dolor, y es en ese momento donde descubres el odio que te carcome y del cual nace tu misantropía.

Por ello…

Donde veías dulces damas,

hoy ves putas por doquier.

Donde fieles amigos,

hoy pajes de alquiler.

Tan sólo hay que mirar hacia otro lado.

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