Archivo para la Etiqueta ‘Recuerdos’
Y todo se derrumba…
Te sientes bien al ver los frutos de tu duro trabajo, la recompensa a tu inconmensurable sacrificio. Estás rodeado de aquéllos por quienes tanto has dado y te crees admirado por todos. Tienes alguien a quien amar y por quien ser amado. Crees haber llegado a tu cénit tras haber cruzado la meta antaño fijada y te regocijas por ello.
Pero no, la vida te depara grandes sorpresas y duras estocadas de las cuales brota sangre a raudales que, coagulada, se transforma en ríos de negro rencor. Rencor incorregible que se agria al rememorar el estrepitoso derrumbe del feliz mundo que una vez habitaste. Es entonces cuando te das cuenta que eres incapaz de recordar sin dolor, y es en ese momento donde descubres el odio que te carcome y del cual nace tu misantropía.
Por ello…
Donde veías dulces damas,
hoy ves putas por doquier.
Donde fieles amigos,
hoy pajes de alquiler.
Tan sólo hay que mirar hacia otro lado.
Sueños del olvido.
Este texto lo tenía guardado por miedo a tener que tragarme mis palabras. Tiene bastante tiempo, aunque quizá menos del que me hubiera gustado. Y es que un buen día me desperté, me levanté y me dí cuenta de que…
Anoche contigo quise soñar,
mas no te soñé.
Tu cara nunca quise olvidar,
mas en sueños la olvidé.
Cuánto te amé ayer,
con tu desprecio exorbitado,
hoy no lo puedo entender,
mas todo ello está superado.
Ahora me doy cuenta:
tu recuerdo está olvidado.
Mi corazón lo intenta,
pero sólo eres pasado.
Delirios de una ensoñación.
Durmiendo plácidamente en tu regazo
embriagado por el dulce sonido de tu risa
creí pisar el cielo.
Allí no tenía conciencia
de mi ser terreno
pues todo estaba hecho,
pues yo estaba satisfecho.
Mirándote un instante,
quedé hipnotizado toda una eternidad,
mas hoy tu ausencia
me devuelve a la realidad.
Ahora miro entre mis manos
y no encuentro nada,
sólo veo mi reflejo en el espejo
aturdido por el delirio que me encierra
en lo más trágico de mi lamento.
Lamento que ahoga la melodía de tu voz,
lamento que perturba por entero mi interior.
¿Y tú qué cantero eres?
Hace unos días leí un libro de mi autor favorito, José Antonio Marina, titulado ‘’La pasión del poder. Teoría y práctica de la dominación’’. Me llamó poderosamente la atención que en las últimas líneas del mismo narrase una pequeña historieta que era exactamente igual a una cuestión que yo mismo me planteé junto con algún compañero de trabajo.
Empecemos con mi anécdota…
Un buen día, ante lo tedioso y humillante de mi trabajo reflexioné sobre mi cometido y llegué a la conclusión de que a pesar de mi ínfima categoría laboral sin mi esfuerzo y el buen hacer de los que comparten mi tarea no podría desarrollarse la gran actividad que a lo largo del día se lleva a cabo en nuestro lugar de trabajo. Le hice saber mi reflexión a un compañero, que hace algo parecido a mi (menos que yo porque su categoría es un peldaño o dos superior a la mía) y su respuesta fue: ‘’bueno tío, yo creo que importante es el gerente. Nosotros sólo somos ‘’pringaos’’ que estamos todo el puto día puteados’’. Yo insistí en que eso es consecuencia de nuestro puesto, pero no la esencia del mismo, que, a mi juicio, consiste en ayudar a los demás soportando estoicamente ‘’hijoputadas’’ . Al tiempo, se lo comenté a otro de la categoría del anterior y su respuesta fue: ‘’pues yo sólo sé que hacemos lo que nos mandan y punto, no hay más misterio que ese, simples marionetas’’. Yo le dije que eso era parte de nuestro trabajo y no nuestra función ya que ésta va mucho más allá de la simplicidad de cumplir órdenes y actuar como hombres de paja.
Ahora la historieta del gran J.A. Marina:
‘’Sucedió en el tiempo de las catedrales. Un vecino visitó una de ellas en construcción y llegó al tajo donde trabajaban los canteros, esculpiendo unas piedras. Se acercó a uno de ellos y le preguntó: - Usted, ¿qué está haciendo?
-¡Sudando con esta maldita piedra que Dios confunda! ¡Qué asco de trabajo! ¡A ver cuándo suena la campana y nos vamos!
El paseante se dirigió a un segundo cantero y le preguntó lo mismo y éste le respondió:- lo que me han mandado. Un cubo de piedra para un muro.
Por fin se acercó al tercero repitiendo la pregunta: -¿Y usted qué está haciendo?
El cantero respondió con entusiasmo: -¡Estoy construyendo una catedral!’’
El pobre cantero, al igual que yo desempeñaba una tarea casi anodina, insignificante, tediosa y lo peor es que ni vería terminada la catedral ni menos aún participaría de sus beneficios…sin embargo se sentía parte integrante (si no fundamental) de un engranaje que le superaba y lo mejor de todo, le dignificaba…al fin y al cabo, mi trabajo no es tan humillante.
Espero que os haya gustado y sobre todo que os anime a reflexionar sobre qué tipo de canteros sois…y por qué…
Preguntas peligrosas.
A veces me hago preguntas que no debemos hacernos…
¿A dónde fueron las lágrimas que no se derramaron?
¿Cómo se perdieron las miradas que no se encontraron?
¿Cuándo nos desviamos del camino que nos deparó el destino?
Dime amigo, ¿dónde descansan los sentimientos que murieron? ¿Qué cementerio cobija los restos de aquellos recuerdos que tanta desdicha trajeron?
¿Dónde el perdón que no concedí y dónde la fortuna que nunca vi?
¿Qué sentí con aquél abrazo que no os di?
¿A qué saben los besos que no se dan?
¿El amor, cuando no viene, a dónde va?
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