Archivo para la Etiqueta ‘Poesía’

Para que seas mi luz…

Bien sabes tú que si me faltan tus palabras…me falta el sueño; que si no sueño,  no te tengo; y que si no te tengo…tendré que apagar el sol para que seas mi luz

Para mi cacito…

Me gustaría decirte que

anduve vagando perdido en mi interior encontrando tan sólo una fría y desesperanzada incredulidad que me llenaba de un obscuro vacío. Y es que el sol me dio la espalda dejando de iluminarme y abocándome a un frío glacial que pareció congelar mis confusos sentimientos. Así fue como dejé de desear algo más allá de un gratificante olvido y una impertérrita indiferencia, pues sólo esto podía conducirme a mi ansiado paraíso de soledad.

Sin embargo, de la nada apareciste tú. Sin previo aviso abriste mi puerta y me mostraste tu delicada gracia, invitándome a disfrutar de tu presencia en la distancia.

Aún sigo sin saber ni cómo ni por qué, pero cada día, al levantarme, siento mi mente llena de ti. En sueños te tengo y te siento; pongo voz a tus palabras y sonido a tu risa. Tanto allí como aquí me quedo embelesado mirándote sonreír, viendo cada paso que das y analizando cada gesto espontáneo de tu cuerpo.

Aunque no lo sepas o no lo quieras creer, cuento cada minuto de sosiego y felicidad que me brindas con tus palabras y castigo al reloj con la mirada cada segundo que paso esperándote

Tan sólo quiero…

Pensarte, y soñarte, y mirarte, y tocarte, y sentirte, y conmoverte cual delicado y fugaz soplo de  aire gélido, que envuelve un cuerpo desnudo en el sereno de una fría noche de invierno, para estremecerte de tal forma que sólo entre mis brazos llegues a encontrar cobijo y calor…

Y todo se derrumba…

Te sientes bien al ver los frutos de tu duro trabajo, la recompensa a tu inconmensurable sacrificio. Estás rodeado de aquéllos por quienes tanto has dado y te crees admirado por todos. Tienes alguien a quien amar y por quien ser amado. Crees haber llegado a tu cénit tras haber cruzado la meta antaño fijada y te regocijas por ello.

Pero no, la vida te depara grandes sorpresas y duras estocadas de las cuales brota sangre a raudales que, coagulada, se transforma en ríos de negro rencor. Rencor incorregible que se agria al rememorar el estrepitoso derrumbe del feliz mundo que una vez habitaste. Es entonces cuando te das cuenta que eres incapaz de recordar sin dolor, y es en ese momento donde descubres el odio que te carcome y del cual nace tu misantropía.

Por ello…

Donde veías dulces damas,

hoy ves putas por doquier.

Donde fieles amigos,

hoy pajes de alquiler.

Tan sólo hay que mirar hacia otro lado.

Sueños del olvido.

Este texto lo tenía guardado por miedo a tener que tragarme mis palabras. Tiene bastante tiempo, aunque quizá menos del que me hubiera gustado. Y es que un buen día me desperté, me levanté y me dí cuenta de que…

Anoche contigo quise soñar,

mas no te soñé.

Tu cara nunca quise olvidar,

mas en sueños la olvidé.

Cuánto te amé ayer,

con tu desprecio exorbitado,

hoy no lo puedo entender,

mas todo ello está superado.

Ahora me doy cuenta:

tu recuerdo está olvidado.

Mi corazón lo intenta,

pero sólo eres pasado.

Entradas siguientes »