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Devuélveme mi sueño

Digamos que lo acontecido esa noche fue una reconstrucción metafórica de su vida.
Se sentía cansado y buscó refugio al amparo de las sombras, esas que en pequeñas dosis reconfortan pero que a la larga suponen una pérdida de tiempo. Las sombras le sumergieron en un plácido pero artificial sueño, un estado de inconsciencia que te sumerge en la más oscura de las oscuridades, en la más jodida de las realidades, allí donde te crees el dueño de todo y no eres dueño ni de tus actos. De repente sus circunstancias se deforman como imágenes oníricas, no tiene capacidad de reacción porque ya no está en un sueño, ahora es una pesadilla de la cual no quiere salir puesto que salir de ella sería perder su más preciado logro. Vivir esa pesadilla le hace ver desaparecer amigos, le hace martirizar a su madre, le hace anular a su padre, le hace perder a su esposa, le hace arriesgar su vida y la de inocentes, pero él no puede hacer nada, ya hace tiempo que dejó de poseerse a sí mismo. Un toque de atención le hizo darse cuenta a la fuerza que estaba en medio de la oscuridad, que debía cambiar o desaparecer, pero por desgracia ese toque de atención le ha despertado. Con una expresión de resignación e impotencia escupe una lacónica y fulminante expresión: ‘’Me ha robado el sueño sin motivo, llamaré a mi madre para decirle que su hijo ya molesta hasta dormido en la carretera’’. Ahora me excuso diciéndole: ‘’por favor señor siga descansando, no está en condiciones de ir a ningún sitio. Comprenda que le haya molestado’’ Con tono de disculpa me responde: ‘’no se preocupe, hace años que me robó el sueño y ahora me está arrebatando la vida. No puedo dormir si no es drogado’’.
No sabía cómo sonsacarle el culpable de su tragedia. ‘’¿Una desgracia?’’ le pregunté. ‘’Las drogas’’ logré escuchar. Continuó contándome esa misma historia que estamos hartos de escuchar en los programas de televisión, de leer en humildes blogs como éste, pero si hubierais estado allí sabríais que no era una historia más, era su Historia desgarrando su alma y destrozando mi conciencia con cada palabra, pues cada expresión denotaba una infinidad de sentimientos. Pese a todo, se sentía acompañado por su madre y por sus amigos fallecidos, esos mismos que aseguraba le habían salvado la vida desde allá donde estuvieran.
Pasado un rato, me alejé de él sin despedirme, pues sabía que la conversación no terminaría allí. Tenía la certeza de que me acompañaría en mi reflexión pese a que él seguiría intentando reconciliarse consigo mismo para conciliar el sueño y desterrar el insomnio.

Abram,”cuchara de plata”

Sueño perdido, vida muerta.

No sé por qué, pero una letal curiosidad me sedujo a conversar con aquél simulacro de persona. Es lo que parecía, un simulacro, un espejismo, un espectro. Sólo su mirada agotada y leves sonidos emanados de su frágil garganta, apenas un hilo de voz ininteligible, me convencían de la humanidad de ese ente oscuro y extraño.
En medio de la noche estaba recostado semidesnudo en su coche sin hacer nada, sólo su presencia molestaba. Una corta pero inefable conversación destrozaría mi conciencia.
Mientras escribo estas palabras se forma un cúmulo de sensaciones que me provocan una fuerte presión en el pecho. La admiración, la pena, la compasión y la angustia se mezclan con el miedo, el miedo ante lo incierto.
Él nunca leerá estas palabras, quizá mañana cuando se despierte (si es que concilia el sueño) ya no se acuerde del grandullón que le robó su bien más anhelado, puede incluso que si se acuerda de mí sea para saldar esa deuda, pero yo no olvidaré fácilmente la lección de vida que me regaló.
Sus gestos pausados, sus huesos remarcados, su piel amarillenta y su blanquecino rostro dejaban entrever un síntoma inequívoco de derrota, no obstante fue su discurso coherente, insistente y demoledor la prueba irrefutable de su maltrecha realidad. Una realidad en la que dormir es un privilegio y pensar con claridad algo imposible.
Me atreví a despertarlo creyendo poder hacerle un bien, pero sin saberlo cometí un delito doloso, me ayudé a mí mismo reconstruyendo su vida con los retazos de su memoria, le robé su sueño y no sé si arrepentirme o alegrarme.
Se mostró más educado que muchos de traje y corbata, más comprensivo que muchas de rimmel London y kilos de maquillaje y más sabio que muchos con cátedras. Su educación le hizo ser comedido en la reacción, nada de enfados; su comprensión me cedió la razón aun sin tenerla; su sabiduría me dio una lección de vida.
De su boca salía con insistencia lo que más quería, lo único que le quedaba: su pobre madre. A su memoria llegaron recuerdos de amigos perdidos, de vivencias pasadas. Su proyecto más urgente ya es inalcanzable: eliminar el desvelo y recuperar el sueño.