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Consejos para mi socio.
Socio, estas letras van por ti.
Por fin ves la realidad desde el otro lado de la mentira y sabes que eres un buen tratador mal tratado.
Sé que la ansiedad no te deja pensar, que estás hasta la polla y con ganas de mandarlo todo a la mierda porque aquel Bonsái no es más que una puta que se ha ido con un puto cabrón. Sé que por culpa de la resaca de dolor que dejan dos almas enfrentadas has perdido el sueño y hoy se lo reclamas en silencio.
Pero es hora de pasar página. Relájate, reflexiona y conversa con tu corazón poniendo como testigo a la luna. Te darás cuenta que no estás solo, tienes a los que te quieren y a los que te rodeamos. Así dominarás la ansiedad y verás aparecer un ángel cuya sonrisa te iluminará y verás el cielo abierto en sus ojos. Aparecerá el amor que te empeñas en esconder por miedo a una traición porque el amor siempre vence al odio y con el tiempo, tu esfuerzo y sin su ayuda serás fuerte como Dorian Yates. Tendrás tanta fuerza que serás capaz de olvidar sus abrazos y de negarle el perdón a su intranquila conciencia.
Quizás te comportarás como un cobarde por creer que allí no hay nadie que merezca ser amado por tu amor, no obstante te recuerdo que la vida es corta y se va rápidamente, sé inteligente y atrevido como mi loco favorito, Arturo Pérez Reverte. Como él, aprende de las desgracias y disfruta de la sincera (y escasa) amistad. Al final todo será como una jornada de pesca.
”él y ella – arma blanca y dlux ”
Dominando la ansiedad
Mirando al techo de su habitación, Alberto se ha dado cuenta de que ahí no encontrará la solución. Con el corazón en la garganta y la mente en blanco, se ha propuesto inventarse cualquier escusa para volver a reír.
Hoy saldrá a la calle en busca de paz acompañado de su soledad. Ahora no la ve como un enemigo más, hoy la soledad es su fiel compañera, tanto que está ahí hasta en las peores situaciones. Ella le da fuerzas para forjar su personalidad, ella le ha hecho comprender que sólo se tiene a sí mismo y que tiene todo un mundo por conquistar. Mañana es tarde para levantarse de la caída, hoy, ahora, este momento, cada momento es el adecuado para tomar aire y dictar las líneas de su propio destino, pues es suyo y nada ni nadie puede arrebatárselo, le pertenece.
Él aún no lo sabe, pero una magnánima fuerza empieza a emanar de su interior y está decidido a hacer realidad sus sueños, ha dejado de esperar, ahora esquiva con soltura cada estocada del reloj y cada segundo es un segundo de vida vivido, no una eternidad para el olvido, el ayer es un recuerdo de superación, no una derrota, el mañana es una nueva esperanza no una nefasta incertidumbre.
Y todo ello lo ha conseguido gracias a una mirada devuelta, a una sonrisa regalada, a una inocente llamada, a ella que le acompaña.
Aquella mirada no devuelve el reflejo de un fracaso, aquellos ojos tranquilizan su conciencia. De esa forma, Alberto logra ver su interior y lo magnífico que puede llegar a ser.
La sonrisa regalada le da alegría y confianza en sí mismo. Estaba equivocado, la vida no le maltrató, sólo le enseñó la importancia de regalar una sonrisa, lo poco que cuesta y los beneficios que reporta.
Esa inocente llamada le invitó a sentirse acompañado, a sentirse valorado, a esperar con impaciencia un nuevo día, le ayudó a levantarse de la cama, hizo palpitar a su corazón, le animó a soñar y le dio ganas de vivir.
Aquella dulce compañía le sitúa en su entorno haciéndole ver la importancia de cada individuo, esa dulzura hoy da sabor a su vida y saborea cada instante con su presencia, que es paz y consuelo para el alma.
Alberto no quiere recordar el ayer, sólo desea ver el mañana y caminar su camino con Ella, aunque sea en la sombra y desde la distancia, pues siempre la siente cerca y con tan sólo su recuerdo agradece a la vida el haberle encontrado. Paradojas del destino, la vida le mostró la importancia de Ella y Ella le enseñó sin saberlo la importancia de la vida.
Puta Ansiedad
Hoy Alberto no quiere salir a la calle, no tiene fuerzas para superar un nuevo día, respirar le cuesta, pensar no puede y escuchar no quiere. No sabe dónde quedó la inspiración, no encuentra motivación para seguir adelante, ni tan siquiera para seguir donde está. Siente cómo el interés por todo lo que le rodea decrece a cada segundo, no ubica su posición en su entorno, no se encuentra ni a sí mismo y ya está harto y cansado.
Pero ¿de qué? No lo sabe y eso le deja una sensación de frustración, tiene los mismos estudios de ayer, pero hoy no estudia; tiene el mismo trabajo de ayer, pero hoy no se esfuerza; tiene los mismos amigos de ayer, pero ya no los llama; tiene la misma vida de ayer, pero ya no ríe. Su voz apagada denota cansancio, su mirada perdida revela el desánimo que le deprime el alma, una sonrisa congelada nos hace cómplices de la ilusión perdida.
A todos priva de su felicidad ahora extinta, hablar con él es como una carrera de obstáculos donde debes saber evitarlos y terminar lo antes posible.
¿Dónde ir? ¿Qué hacer? ¿Luchar para qué? ¿A quién mirar? ¿Vivir…por qué? Terribles preguntas cuando no hallas respuestas, crueles dilemas que se presentan cuando eres tú el protagonista de esta historia.
Alberto no ve la luz porque la desesperación le ciega, Alberto no puede respirar porque el corazón no le deja, Alberto no puede vivir porque cree que la vida le tortura, Alberto siente cada segundo como una estocada mortal que penetra hasta dañar su razón, Alberto cree ser culpable de vivir, Alberto se siente exhausto en medio de una guerra que tiene que librar a cada momento contra su propia conciencia, Alberto tropieza porque está cegado y cae porque cree no tener apoyos, Alberto quiere encontrar una salida pero no puede buscarla…
En su peor hora, cuando ve que todo está perdido, un trágico lamento le susurra al corazón una rápida huída de esa terrible realidad, Alberto contempla la posibilidad de batirse en retirada, de arrojar la toalla, de poner fin a su tormento y lanzarse a los brazos de Hades. Un último suspiro, una última lágrima, un último adiós, unas últimas palabras que tienen por testigos y cómplices a bolígrafo y papel. Decide mirarse por última vez en el espejo para reconocer el reflejo del fracaso, de la desesperación. No sabe muy bien si es un valiente o un cobarde, tampoco sabe si hace lo correcto o está nuevamente equivocado, sólo sigue la voz de su conciencia que le dice: ”hazlo”.
No es una decisión, es una respuesta, no estaba planeado, sólo improvisado. En el instante previo al naufragio, suena el teléfono, al otro lado la voz de un ser querido. De pronto recuerda que no es egoísta, que siempre fue leal y que siempre prefirió la derrota a la retirada. De repente decide anular su partida para cuando le toque, no para cuando él decida, sigue sin ver la salida pero está dispuesto a seguir viviendo esta vida.
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