Sueño perdido, vida muerta.

No sé por qué, pero una letal curiosidad me sedujo a conversar con aquél simulacro de persona. Es lo que parecía, un simulacro, un espejismo, un espectro. Sólo su mirada agotada y leves sonidos emanados de su frágil garganta, apenas un hilo de voz ininteligible, me convencían de la humanidad de ese ente oscuro y extraño.
En medio de la noche estaba recostado semidesnudo en su coche sin hacer nada, sólo su presencia molestaba. Una corta pero inefable conversación destrozaría mi conciencia.
Mientras escribo estas palabras se forma un cúmulo de sensaciones que me provocan una fuerte presión en el pecho. La admiración, la pena, la compasión y la angustia se mezclan con el miedo, el miedo ante lo incierto.
Él nunca leerá estas palabras, quizá mañana cuando se despierte (si es que concilia el sueño) ya no se acuerde del grandullón que le robó su bien más anhelado, puede incluso que si se acuerda de mí sea para saldar esa deuda, pero yo no olvidaré fácilmente la lección de vida que me regaló.
Sus gestos pausados, sus huesos remarcados, su piel amarillenta y su blanquecino rostro dejaban entrever un síntoma inequívoco de derrota, no obstante fue su discurso coherente, insistente y demoledor la prueba irrefutable de su maltrecha realidad. Una realidad en la que dormir es un privilegio y pensar con claridad algo imposible.
Me atreví a despertarlo creyendo poder hacerle un bien, pero sin saberlo cometí un delito doloso, me ayudé a mí mismo reconstruyendo su vida con los retazos de su memoria, le robé su sueño y no sé si arrepentirme o alegrarme.
Se mostró más educado que muchos de traje y corbata, más comprensivo que muchas de rimmel London y kilos de maquillaje y más sabio que muchos con cátedras. Su educación le hizo ser comedido en la reacción, nada de enfados; su comprensión me cedió la razón aun sin tenerla; su sabiduría me dio una lección de vida.
De su boca salía con insistencia lo que más quería, lo único que le quedaba: su pobre madre. A su memoria llegaron recuerdos de amigos perdidos, de vivencias pasadas. Su proyecto más urgente ya es inalcanzable: eliminar el desvelo y recuperar el sueño.

2 comments so far

  1. ssmmdde on

    …..SE ME PONEN LOS VELLOS DE PUNTA Y EL ESTÓMAGO SE ME REVUELVE ….PORQUE ME HA HECHO RECORDAR CIERTAS COSAS…PUF…AQUELLO SERES QUE PERDIMOS Y QUE A VECES NOS HICIERON SUFRIR TANTO…Y QUE NOS HICIERON SENTIR TAN VACÍOS LLEGANDO INCLUSO A CREER QUE ÉRAMOS NOSOTROS LOS QUE HABÍAMOS FALLECIDO ANTES QUE ELLOS…ES FUERTE Y DURO VIVIRLO….MEJOR SÓLO RECORDARLO

  2. Capitana666 on

    Llega un momento en la vida de las personas que sufren en la que todo da igual, no hay ganas de discutir, no hay ganas de llorar, no hay ganas de comer, tampoco de discutir…

    Sólo quedan los deseos de dormir, de morir… y que venga alguien a desvelar el sueño no es algo malo, es la señal de que aún estás vivo, de que aún puedes despertar, y aunque eso te hace volver a ver la cruda realidad y a sentir la depresión de la situación propia, al menos esa persona provocará un entretenimiento al alma maltrecha.


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