A ti, soledad.
Quizá ya esté cansado de sentir escalofríos al paso de tus helados dedos sobre mi piel. Quizá esté harto de tu espectral visión paseando de mi mano. Quizá no quiera perder más el aliento por tenerte tan cerca. Quizá no desee seguir viendo escapar mi alma en cada suspiro por estar contigo. Quizá sea hora de espabilar del letargo en el que me has sumido.
Pero este amor es tan ciego que sin ti, soledad, quizá me sienta vacío.
Déjalo. Tienen esa condición.
Está claro. La cuadratura del círculo es tan imposible como lo es sobrevivir sin oxígeno para un humano, o encontrarle los tres pies al gato, o viajar a través del tiempo, o… ¡pedirle respeto, buena educación e igualdad a más de un político español!–los primeros problemas quizá se resuelvan con el tiempo, pero el último jamás…-
Vamos, que hacer que un politicucho de tres al cuarto -de tercera división, por así decirlo-, acepte una norma de un establecimiento que se encuentra en su feudo es algo impensable. Bueno, impensable para alguien sensato, no para alguien como el que escribe estas líneas.
De este hecho me di cuenta ayer a las 22.02 de la noche cuando, tras once horillas de pie, me topé con uno de esa cada vez más infame casta.
Allí me encontraba yo, anclado en la entrada para impedir el paso a los rezagados de última hora. Gente de todo tipo: desde señoritas de muy buen ver queriendo pasar para comprar un pinta labios, hasta padres implorando entrar para comprar una barra de pan, pasando por los típicos cafres en busca de su litrona…Todos suelen dar la brasa mientras yo, haciendo algún gesto de comprensión, pero inmutable en mi intransigente propósito, tan solo les doy una explicación: “Hemos estado doce horas abiertos y ya hemos cerrado’’ Tras ello suelen irse de buenas o acordándose de algún familiar mío, vivo o muerto –estos hijos de perra no tienen miramiento- y ya está. Pero ayer fue distinto por tratarse de un Excmo. Señor Don politicucho de medio pelo de mi pueblo.
Como les decía, allí estaba yo –juro por Dios que después de nueve días sin descanso y más de once horas de pie (seguidas y también sin descanso) y alguna que otra por delante, me dolían los pies, las rodillas, la espalda, la cabeza y hasta los cojones-, intentando hacer lo mejor posible mi grandiosa labor cuando intentó zafarse de mi cerco visual un tipo feo, pequeño y regordete que me resultaba familiar:
-Disculpe caballero –exclamé mientras me dirigía hacia este espécimen-. Ya hemos cerrado.
-¡Zolo vi’a compra doh botella que m’acen farta! (¡solo voy a comprar dos botellas que me hacen falta!) – Afirmó avanzando con aires de superioridad-
-Lo siento caballero… –le insistí, visiblemente contrariado y molesto al ver de quién se trataba-. Ya hemos cerrado, no se puede entrar.
-Me cago en la leche –se quejaba amargamente al tiempo que me miraba desafiante- ¡Qué zolo vi’a compra unah botellah que me jacen farta cohone! (¡Qué solo voy a comprar unas botellas que me hacen falta, cojones!)
Aprovechando la coyuntura, por mi izquierda intentaba colarse una parejita. Pero fulminándoles con la mirada les advertí –con toda la gravedad que mi aguda voz puede- <<¡ya hemos cerrado!>>
Con un débil lo siento, salido de la fémina, zanjé ese frente y con esperanzas de que el antedicho politiquillo emulase aquella lección de modales y saber estar dada por la chavala le dije: <<aquí, las normas son para todos>>
Cogió el camino y dio media vuelta. Vi cómo se alejaba y, como a toda mierda andante, dejé de prestarle atención. Pero me fue imposible evitar subirme en una nube pensando en mi pequeña victoria sobre el sistema, en la lección dada a la mala calaña que nos ‘’dirige”, en…¡mierda!..¡¡¡¡una compañera le estaba dando paso!!!! ¡¡Increíble!!
Con los ojos obnubilados por el odio que había levantado en mí tal traición, cerrando los puños para aliviar tensión y apretando la mandíbula para no buscarme un buen problema…escuché detrás de mí la voz de un anciano cliente que me decía con tono de complicidad: <<Déjalo. Tienen esa condición>>
Efectivamente. Lo dejé…pero me sigue sabiendo la boca a hiel.
Tres individuos.
Esto es una mera prueba de estilo. Se trata de un relato ficticio nacido del más profundo de los aburrimientos.
Todavía me faltan diez minutos de caminata hasta llegar a casa. Estoy agotado y me duele todo el cuerpo. Seguro que tras la ducha me desplomaré en la cama…que falta me hace, pues es muy tarde (las tres de la madrugada nada menos).
No sé si es normal tanto coche un lunes cualquiera de madrugada, alguno podría ser conocido y acercarme a mi casa. Estoy rendido, al menos la luna es bonita e ilumina.
Mierda, tres tíos allí al final. Tan cerca de casa y me van a dar la noche. Estoy a tiempo de cambiar de camino, pero tendré que andar más y encima voy a parecer un cobarde. Mejor sigo y ya está. No los distingo bien. Joder, tres tipos a las tres de la mañana, un lunes…esto sí que es raro. Seguro que están buscando dinero para jaco y van a sacarme una navaja porque yo no les voy a dar lo poco que tengo. No me da la gana.
¿Me están mirando? No lo sé, están muy lejos, pero seguro que me van a joder. Lo mejor que hago es sacar mi pincho y ajustarme el mosquetón en el puño…quien da primero da dos veces, aunque si me están viendo se van a dar cuenta…¿¿Dios, qué hago?? Vale, ya. Me pongo la mochila delante como escudo, dejo la cremallera entreabierta para sacar el pincho y ya me dejo ajustado el mosquetón en la izquierda.
Lo sabía. Se han parado y me están esperando. Voy a aminorar el paso para ver qué hacen, cuando esté más cerca acelero un poco y si me dicen algo ¡Zas, zas, zas! ¡A tomar por culo todos!
Joder, más coches y ninguno conocido. Y en la acera de enfrente, ¿qué hacen esas zorras también a estas horas? Van a ver la humillación que voy a sufrir o el delito que me van a obligar a cometer. Bien, parece que se meten en el portal.
¿Dónde va ese? ¿Irá a rodearme? ¡No, los deja solos! Mejor, dos será más fácil, pero no voy a acelerar hasta que se haya alejado. ¿Cómo? ¡Son unos inocentes niñatos!
Mmm, son las tres de la mañana, en mitad de la nada, tengo un picho, no hay testigos y ahí están estos dos niños de papi y mami… ¿y si les saco la navaja?
¡Espero que os guste porque yo me lo he pasado pipa!
Sin punto medio.
“A veces me gustaría ser tierno como la esponja, suave como la seda y dulce como el azúcar. Pero, en este nido de víboras, no me queda más remedio que ser duro como la roca, áspero como una lija y agrio como el vinagre.”
Dicen que en el punto medio está la virtud. Pero nadie dice que la virtud solo la tienen los que saben encontrar el punto medio.
Para cuando le ocurra.
“Cuando, al verte, sus ojos se iluminen y sus palabras se escondan, recuerda. Cuando no pueda parar de sonreír a tu vera, recuerda. Cuando se sienta demasiado pequeño ante ti, recuerda. Cuando le beses y le sientas levitar, recuerda. Cuando lo mires y se derrita, recuerda. Cuando le acaricies y se evapore, recuerda.
Finalmente, cuando le dejes tirado, olvida que una vez alguien te amó más que a sí mismo. Ya de nada servirá recordar.“
Sin embargo, nunca dejes de arrepentirte…
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